Teatro del absurdo

Javier Armesto Andrés
Javier Armesto EL QUID

OPINIÓN

04 oct 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Me cuenta mi hermana que en el gimnasio al que va -ella vive en Pamplona- les obligan a ponerse la mascarilla cuando cambian de un aparato a otro, pero no mientras están haciendo ejercicio -y sudando y resoplando- . En el fondo es la misma incongruencia que la que dicta que dos personas que se cruzan dando un paseo tranquilamente deben llevar la boca tapada aunque estén a más de dos metros, pero no el corredor que pasa jadeando junto a cualquiera de ellas.

Las normas que se aplican en España para esa utopía que algunos llaman «atajar la pandemia» (no hemos atajado la gripe común, que nos visita todos los años, y ello a pesar de contar con una vacuna que, según la Universidad de Washington, no llega al 50 % de eficacia) van de la incoherencia al absurdo. Por ejemplo, algunos expertos recomiendan ahora no abrir la boca: dicen que si no hablamos, el virus no se transmite. Y si no respiramos, tampoco, añado yo.

La última perla viene desde San Caetano, con la prohibición de que «no convivientes» compartan mesa en la terraza de un bar. Ya veo a dos amigos ocupando dos mesas contiguas, por separado, y charlando animadamente. Todos participamos en este teatro que nos han impuesto y que, a la vista de las cifras que se manejan, el único resultado que está consiguiendo es llevarnos a la ruina.