¿Por qué es tan poco eficaz la vacuna contra la gripe? En un año bueno protege solo al 50 % de los que se la ponen

Un revelador estudio estadounidense da con la clave: los antídotos anuales contra la gripe blindan el organismo ante las cepas que el cuerpo ya conoce, de las que ya estuvo infectado, y desatienden a las nuevas. Así, su capacidad protectora es menor cuanto más contacto se haya tenido en años anteriores con el virus

Inicio de la campaña de vacunación de la gripe, el año pasado, en Vigo, en el centro de saúde de Matamá
Inicio de la campaña de vacunación de la gripe, el año pasado, en Vigo, en el centro de saúde de Matamá

Redacción / La Voz

Dar con una vacuna eficaz ni es fácil, ni tampoco rápido, incluso aunque el enemigo a batir sea un viejo conocido. Estos microorganismos son hábiles a la hora de lavarse la cara y presentarse cada año bajo una nueva apariencia. Ahora, en la carrera contra reloj para encontrar un antídoto al coronavirus, el de la gripe, pandemia que según la OMS mata cada año a unas 650.000 personas en el mundo, da cuenta de lo laborioso y complejo que resulta encontrar una fórmula que neutralice con puntería al agente infeccioso, comprobar una y mil veces que el remedio no es peor que la enfermedad y trasladarlo a un fármaco capaz de llegar, si no a todos los rincones del mundo, sí al menos donde más se le necesite. Es probable, además, que estos fármacos exijan una revisión constante y que nunca terminen de ser del todo eficaces. Un estudio de la Universidad Washington acaba de poner de manifiesto que la vacuna anual de la gripe protege menos a aquellos que más contacto previo hayan tenido con otras cepas. La respuesta del sistema inmunitario se estimula frente a infecciones pasadas, en lugar de hacerlo ante las nuevas mutaciones, por lo que la exposición repetida a las diversas formas del virus socavaría la eficacia de un medicamento que, efectivamente, siempre ha funcionado regular: tras décadas de persistente trabajo de laboratorio (exige una reformulación constante), su capacidad como escudo sigue siendo notoriamente pobre, de entre el 40 % y el 60 % en un año típico. En uno malo, como fue el 2018, apenas llega a proteger a un 25 % de los que se la ponen.

El trabajo de los científicos norteamericanos, recogido por la revista Nature, parece haber dado con la clave de esta inacción: sus ensayos sugieren que los anticuerpos generados al contagiarse una vez podrían funcionar como agravante. La inmunidad parcial desarrollada repetidas veces podría interferir con la respuesta de la nueva vacuna, que principalmente reconocería cepas antiguas, ignorando las nuevas. ¿Lo positivo de esta conclusión? Que demuestra que este antídoto es capaz de fabricar anticuerpos que protegen contra una amplia gama de virus de la influenza (familia de la gripe), al menos en algunas personas.

Peronal sanitario, vacunándose de la gripe el pasado otoño en el Hospital do Salnés
Peronal sanitario, vacunándose de la gripe el pasado otoño en el Hospital do Salnés

Vacunar cada año a la población «es necesario para la salud pública», considera el autor principal de la investigación, Ali Ellebedy, «pero también es muy costoso e ineficiente». Defiende, como solución, una vacuna única en lugar de una nueva anualmente. La clave para conseguir una inmunidad duradera radica en los ganglios linfáticos, unos órganos minúsculos repartidos por todo el cuerpo. La primera vez que una persona se expone a un virus, ya sea por infección o por vacunación, las células inmunes capturan el agente infeccioso y lo trasladan al ganglio linfático más cercano. Allí, se presenta a las llamadas células B vírgenes, que maduran y comienzan a producir anticuerpos para combatir la infección. Una vez que se elimina con éxito, la mayoría de las células inmunitarias que participan en la batalla mueren, pero algunas continúan circulando en la sangre como células B de memoria de larga duración. La segunda vez que una persona se expone a un virus, estas se reactivan y comienzan a producir anticuerpos nuevamente, sin pasar por las vírgenes. Esta respuesta inmediata genera una eficaz protección para las personas que han sido reinfectadas con la misma cepa exacta, pero no para las que se han vacunado contra una ligeramente diferente. «Si se dirige a las células de memoria, esas células responderán a las partes del virus que no han cambiado. El objetivo es, por tanto, actualizar el sistema inmunológico con las nuevas cepas».

¿Y cómo se pone al día esta defensa natural del cuerpo contra las infecciones? Para obtener una inmunidad que dure décadas contra las nuevas cepas, estas deben llevarse a los ganglios linfáticos. Una vez allí, entrenarán a un nuevo conjunto de células B vírgenes e inducirán células B de memoria de larga duración diseñadas específicamente para reconocer características únicas. El estudio de la Universidad Washington demuestra que se pueden involucrar distintos tipos de células en los centros germinales, pero se desconoce con qué frecuencia sucede esto. La miga estaría aquí. «Dado que la efectividad de la vacuna ronda el 50 %, probablemente no suceda con la frecuencia que nos gustaría -advierte Ellebedy-. Esto constata la importancia de promover estrategias para impulsar los centros germinales como un paso hacia una vacuna universal».

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