No es por eso. No es porque este curso escolar tengamos que hablar durante horas con una mascarilla puesta, ni porque afrontemos la casi imposible tarea de mantener a cientos de adolescentes separados todo el tiempo. No es porque la constante ventilación de las aulas, en pleno invierno y en Galicia, prediga problemas de salud, más allá de la pandemia, para la comunidad educativa. Ni porque haya que entrar antes en el centro y salir más tarde para conseguir un acceso y desalojo seguros.

No es porque no entendamos lo excepcional de la situación y la necesidad de arrimar el hombro. Llevamos años arrimando el hombro con cada vez menos recursos, ¿cómo no vamos a entender lo que implica una pandemia?

No es por nada de eso, no.

Es por el total y absoluto abandono al que se nos ha sometido, ya desde el principio. Por el silencio reiterado de la Administración en pleno confinamiento, cuando también nosotros, el profesorado, desconocíamos cómo afrontar todo esto. Es por esa manera de enmascarar el abandono en la «autonomía de los centros», por querer que asumamos tareas de epidemiólogos, de policías, de limpiadores, por decir que «nadie mejor que el propio centro para saber sus necesidades» pero al mismo tiempo rechazar las peticiones de recursos realizadas por esos mismos centros. Por la manera de insinuar que pedimos refuerzos por encima de nuestras posibilidades, como si se tratara de un capricho o de vagancia. Es también por la falta de respeto continua hacia nuestro trabajo, obligándonos a rehacer la planificación del curso en varias ocasiones y, a los equipos directivos, a trabajar más allá de lo razonable. Por enterarnos de las novedades a través de la prensa, una y otra vez, desde el cierre mismo de las aulas hasta las últimas ocurrencias que hayan tenido.

Es por elegir comprar mamparas antes que contratar docentes. Por elegir despedir alumnos antes que contratar docentes. Por elegir cualquier cosa antes que contratar docentes, que es lo único que asegura una calidad educativa adecuada.

Y por presentar como propia la decisión de dar marcha atrás a mucho de ello, cuando en realidad es consecuencia de múltiples protestas.

Es por eso que este curso, como siempre hemos hecho, los docentes vamos a estar al pie del cañón; pero asumiendo, sin paliativos, que estamos solos. Que sigan con sus vergonzosas luchas políticas, pero que no nos tomen por tontos, que ya no cuela.

Por Nieves Delgado Escritora y profesora de Física en el IES María Casares de Oleiros

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