Todos somos culpables


Parece el título de una película reflexiva y juiciosa dirigida por Clint Eastwood, pero no. Cualquier parecido es pura coincidencia para interpretar cabalmente los tiempos de desorden y locura que dicta nuestra clase política y que está perturbando nuestra capacidad de análisis.

Y todos, unos mas que otros, somos culpables. Unos por instalarnos en ese tiovivo que gira sin tregua, por instalarnos en una noria, en una montaña rusa que asciende y desciende sin parar, que fija directrices aleatorias e insólitas que nos alejan definitivamente de los objetivos que antes soñábamos con poder alcanzar.

El presidente del Gobierno, obstinado con afianzar su errático y contradictorio relato, entre pésames senatoriales dirigidos a los deudos políticos del preso etarra fallecido en la prisión donde cumplía condena, y decir sistemáticamente digo donde antes decía Diego, decir ERC y Bildu, mientras establece vínculos engañosos con Ciudadanos, momentos antes de insultarlos en voz alta, sigue mareando la perdiz en sede parlamentaria, lo malo es que nosotros somos la perdiz.

Mientras, continúa la crónica diaria del crecimiento del covid que no cesa, con su negra estadística de muertos, de hospitalizaciones e ingresos en las ucis.

Ya es tan cotidiana que se desdibuja su importancia en un país de rebrotes reiterados con diecisiete autonomías incapaces de ejercitar una política común frente al virus asesino.

Política común que difiere en los datos de la pandemia que se comunican de manera caprichosa e incluso falaz, en los protocolos aplicados a los colegios, en el juego perverso que utiliza a nuestros escolares, en las acusaciones contra Madrid, designada por el poder gubernamental y mediático, kilómetro cero de la pandemia que nos asola, para encubrir luchas políticas con supuestas mociones de censura incluidas, e incompetencias ajenas.

Todos somos culpables, nosotros por nuestro silencio, por participar únicamente como espectadores del espectáculo vergonzoso de la clase política, por asistir impasibles al desmantelamiento sistemático del país dirigido por una coalición contra natura que antepone ideología a patriotismo. Culpables por nuestra sumisión y por nuestros miedos propiciados y mantenidos en un momento en que se comienzan a cercenar nuestras libertades civiles.

Nos estamos convirtiendo en una sociedad de caladiños de la que todos somos culpables. Por supuesto, unos más que otros.

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