El feo de Quim Torra


Pues Torra no quiso saber nada de Gonzalo de Berceo, que ya andaba en el siglo XIII versificando en una lengua rara los entresijos de la fe, con especial afición -yo diría que desmesurada- a la Virgen María, que cinco letras tiene. Parece que ya entonces iba metiendo vascuencerías en su vocabulario, pero al catalán ni agua. Lo de elegir San Millán de la Cogolla para repartirse la tarta me parece un avance considerable en la imagen del Gobierno y sus periferias. Y creo que a los emilianenses -que no se llaman cogolludos como todos quisiéramos- les han hecho un gran favor, porque, visto en el telediario, a uno le entran unas tremendas ganas de escapar a su pueblo con mascarilla y todo. A Torra no, él se lo pierde. A mí, la verdad, de niño, que es cuando se estudian las cosas difíciles, me gustaba más el Arcipreste de Hita, que decía «señor Dios que a los jodíos, pueblo de perdición...», y los escolares nos descacharrábamos. Gonzalo de Berceo es más seguío, que diría Mota. Pero a él le debemos que yo esté escribiendo y usted leyendo esto. Ya lo siento. 

Entre tanto, a los de la foto parece que les cuesta menos entenderse cuando de repartir el premio se trata. Es como la subida de los emolumentos -palabra que parece acaparar cantidades ingentes-, que siempre les parece sensata, razonable y merecida... y a veces escasa.

Por eso yo les mando hoy un recuerdo a los vecinos de San Millán, y a los gobernantes, un saludo muy afectuoso, para que no se olviden de mí. Porque hay para todos, ¿no?

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