Derecho al voto en Brasil


No llegó a tiempo

 Varias familias gallegas en la ciudad de Río de Janeiro (Brasil), recibieron después de la fecha límite el formulario de elección. Nos perjudicaron el derecho al voto. Nelson Lois Arman. Río de Janeiro.

 Agradecimiento al geriátrico 

A todos los trabajadores del geriátrico Divino Maestro: tras unos meses tan difíciles para todos vosotros, por la importante afectación por coronavirus de muchos de «vuestros» residentes (aún más, considerando la edad de la mayoría de ellos y sus previas patologías) y, con la preocupación añadida por la afectación de algún compañero de trabajo, y la posibilidad de la vuestra propia, os quiero manifestar mi sincero agradecimiento por vuestro trabajo, vuestro esfuerzo, vuestro sobre-esfuerzo para sobreponeros a tantas dificultades al menos inicialmente para «montar» un verdadero hospital en esa gran casa, que lo es.

Mi agradecimiento, que manifiesto público, es pues para todos los que me lo habéis hecho sentir y, aún más especialmente, a los que habéis permitido y logrado que hayan sido menos difíciles ciertas despedidas. Lourdes Eva. Ourense.

 

La nueva normalidad del opositor 

No se nos ve ni se nos oye porque estamos encerrados estudiando, pero somos muchos. También hemos sufrido las consecuencias del covid-19, viendo cómo los procesos se suspenden, los exámenes se aplazan y la incertidumbre nos ha acompañado estos meses como una dificultad añadida a la oposición. En la nueva normalidad todos los servicios se van retomando, pero los opositores nos sentimos totalmente abandonados, sin tener dónde estudiar. La situación en la ciudad es la siguiente: Aun teniendo una Delegación del Gobierno y una Subdelegación, el respaldo estatal es nulo. En el ámbito autonómico tenemos la biblioteca González Garcés, en Elviña, pero en agosto no abre por las tardes.

A nivel provincial es todavía peor, desde que la biblioteca de la Diputación, en el edificio del teatro Rosalía de Castro reabrió sus puertas a mediados de junio solo abre de 8.30 a 14 horas y así seguirá hasta octubre, dejando a los usuarios sin servicio de sala, ni de hemeroteca ni de préstamo de libros, música o cine en horario de tardes. Por parte del ayuntamiento los centros cívicos, que completaban la oferta, abriendo de lunes a domingo, no han siquiera reabierto. Y los centros de estudio de la universidad también cerrarán las tardes de agosto.

En una ciudad que cuenta con representación de todos los entes territoriales nadie nos garantiza un lugar en el que poder estudiar este verano con regularidad, que abra de lunes a domingo de 9 a 21, ya que la mayor parte de los exámenes se retoman en septiembre. Desde aquí pedimos que las administraciones asuman sus responsabilidades y presten los servicios públicos que los ciudadanos necesitamos. Ni siquiera implica habilitar espacios, están listos, solo necesitan ampliar horarios. ¿Nadie va a tomar alguna medida? ¿No pueden alcanzar algún acuerdo transversal entre todas las administraciones para costear algo tan sencillo? Los opositores también somos ciudadanos con derechos. No nos ignoren ni nos dejen atrás en un momento tan decisivo. María Teresa Dulanto Rodríguez. A Coruña.

  

 Ancianos: que alguien haga algo

¿Alguien tiene dudas sobre la obligación que tiene este país de enmendar los errores que se han cometido en las residencias de ancianos durante la pandemia? A mí me parece que no. Y no hay tiempo que perder. Las cifras están ahí y son… tremendas. El número de víctimas mortales que el covid-19 ha dejado en las aproximadamente 5.457 residencias de ancianos españolas -entre públicas, concertadas y privadas- se sitúa en 19.440 según los datos proporcionados por las comunidades autónomas. Es brutal.

Sin embargo, pasan las semanas, nos encontramos en el desconfinamiento y en una «nueva normalidad», se están produciendo pequeños rebrotes, pero se habla de un posible serio rebrote del virus en otoño, y uno sigue echando en falta que nuestros políticos dejen de tirarse los trastos a la cabeza y se pongan manos a la obra.

En este sentido hay mucho por hacer. Mucho. La vulnerabilidad demostrada por esos centros ha sido impresionante. El coronavirus hizo estragos en esos lugares sin apenas encontrar resistencia. Solamente allí donde hubo profesionales sanitarios que decidieron, por su cuenta y riesgo, blindar los recintos (en muchos casos, quedándose ellos enclaustrados dentro), se evitó una masacre. Es preciso revisar muchas cosas, como esa figura del geriatra que decidía desde el hospital si derivaba allí o no a los enfermos más jóvenes. Habrá que exigir una dotación mínima de médicos y enfermeros en esas casas, aunque esto suponga encarecer las facturas. Será preciso idear un protocolo eficaz para este tipo de alarmas y dotar con material de protección a los profesionales. Juan García Rodríguez. Cáceres.

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