De la necesidad virtud


Han pasado más de 2.300 años pero su filosofía -como la de otros clásicos griegos- sigue presente. Zenon de Citio pudo ser rico, pero se dedicó a pensar y a transmitir sus ideas debajo de un pórtico en Atenas. Su filosofía, el estoicismo, fue transmitida por Crisipo y, a través de este y de Posinomio de Aparmea, a Roma. Séneca, Epicteto y Marco Aurelio fueron sus más conocidos seguidores en el Imperio romano. Hasta san Pablo, en su carta a los Filipenses, retomó esta sabiduría filosófica. Uno de los principios que sintetiza el estoicismo es el de hacer de la necesidad virtud.

Y es precisamente este principio estoico el que ha puesto en marcha la Comisión Europea para superar esta crisis provocada por la pandemia. La Comisión Europea quiere hacer de la necesidad virtud. El plan de recuperación es una auténtica revolución en la historia de la Unión: la Comisión pretende financiarse independientemente de los estados miembros. Esto supone derribar uno de los dogmas que habían imposibilitado el avance hacia una mayor integración. Dicho de otra manera, todos los estados de la Unión perderemos más soberanía en favor de la Unión. Caminamos claramente hacia una Europa federal. La propuesta debe ser aprobada unánimemente por todos los parlamentos europeos y desde luego nos aventuramos a pensar que las negociaciones van a ser duras y difíciles. Pero la Europa comunitaria siempre ha avanzado desde la Declaración Schuman, aunque haya sido dando un paso hacia atrás y dos hacia delante.

De los 433.000 millones de euros subsidiados y a través de los presupuestos comunitarios que la Comisión pone sobre la mesa, los países que más se llevan son Italia (82.000 millones), España (77.000 millones), Francia (39.000 millones), Polonia (38.000 millones) y Alemania (28.000 millones), y 67.000 millones se disponen a través del BEI. De los 250.000 millones, en préstamos, que restan hasta completar los 750.000 millones en ayudas, los países más beneficiados son Italia, con 91.000 millones; España, con 63.000 millones, y Polonia, con 26.000 millones. Ni Francia ni Alemania recibirán préstamos. Pero, ¿de dónde va a salir el dinero? De los mercados y de los presupuestos, de tal forma que cada país tendrá que aportar el 2 % del PIB (ahora es el 1,2 %). España recibe 77.000 millones en dinero no reembolsable, pero tendrá que poner unos 43.000 millones, así que lo que realmente recibiremos en subvenciones son 34.000 millones.

La Comisión va a controlar con lupa el destino de cada euro y condiciona a Polonia y a Hungría para que respeten el estado de derecho si quieren recibir ayudas. Para evitar la prohibición de emisión de deuda, se ampara en los artículos 310.1, 311, 352 y 122 de los tratados. El Tribunal de Justicia de Luxemburgo deberá aclararlo. La ecuación países del norte y del sur parecía insoslayable. Bastó una reunión de Merkel y Macron para poner las cosas en su sitio. Como casi siempre cuando se trata de la UE, ahí están Alemania y Francia para hacer de la necesidad virtud.

Por Luis Grandal Periodista y profesor de Periodismo Internacional en la Universidad Carlos III

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