Nuevo escenario con todo en juego

R.Rubio.POOL - Euro

Ignoro si ustedes tienen la misma impresión que este cronista: Pedro Sánchez estaba feliz y quería transmitir seguridad en su última homilía dominical. Tenía motivos para la satisfacción, aunque sean provisionales: Galicia estaba a punto de inaugurar la «nueva normalidad»; había conseguido el récord de reunir a todos los presidentes catorce veces sin que se rompieran las costuras del Estado; los datos de contagios eran aceptables, lo que justificaba su política de confinamiento; tenía al alcance de la mano un amplio colchón de apoyos que le brindaba Ciudadanos con su disposición al pacto y hacía por lo menos 48 horas que no se publicaba ninguna desavenencia dentro de su Gobierno.

Era un buen comienzo del final de lo más penoso de la pandemia. Pero era también el estreno de un nuevo escenario. A partir de ahora habrá que seguir la batalla contra el virus, porque los rebrotes existen; pero habrá que empezar a construir las bases de la reconstrucción económica. Y ahí es donde está el desafío. Puntos de partida: 1) Ayer comenzó una insólita cumbre empresarial de la que puede salir todo un programa de actuación. Será muy curioso saber qué ocurre con sus recetas si son opuestas a las soluciones del Gobierno, que no sería nada extraño. 2) Están pendientes los Presupuestos de 2021, que van a poner a prueba la vigencia de los pactos de Sánchez y Unidas Podemos, efectuados, naturalmente, sin prever que vendría una pandemia y sus desastrosos efectos económicos. Y 3) La aprobación de las cuentas públicas requiere pactos con otros partidos. El acuerdo con Esquerra Republicana no depende de los números ni la intención política de los Presupuestos, sino de la mesa de diálogo con Cataluña y de la obsesión por recomponer la llamada «mayoría de la investidura». Tener como recambio a Ciudadanos es una inteligente alternativa, pero tampoco depende solo de los números: depende de que las encuestas le digan a Inés Arrimadas que ha escogido el buen camino o le desaconsejen pactar más porque provoca rechazo social.

De todo eso habrá que hablar con más calma porque, de hecho, constituye el calendario del segundo semestre del año. Y hay un factor de una trascendencia imprevisible: las investigaciones del Tribunal Supremo sobre el rey Juan Carlos I. El Gobierno se ha puesto de perfil hasta ahora, con el recurso habitual de respetar los pasos y las decisiones judiciales. Pero a nadie se le oculta que el señor Sánchez y sus ministros no pueden ser ajenos a lo que significaría una crisis constitucional. Y el señor Sánchez no puede ignorar ni ignora que hay miembros de su Gobierno dispuestos a estimular sentimientos antimonárquicos, que sería la parte final de su ofensiva contra lo que llaman el régimen del 78. Da la impresión de que en este segundo semestre de 2020 nos jugamos todo: la economía, el sistema político y la nación.

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