La espesura


Llego ya tarde a una polémica que me apetecía: la de la censura de Lo que el viento se llevó, de varias series de diversos países y otras necedades de ese mismo cariz, pero llego tarde porque han pasado los días y porque todo el mundo lo considera cosa de talibanes, que también destruyen cualquier obra artística que no se ajuste a sus cortos raseros ideológicos, como si nos bajáramos mañana las murallas de Lugo o el acueducto de Segovia porque los romanos eran unos invasores imperialistas. El nivel tristemente es ese. Claro que la gente no les sigue y la película se está vendiendo a lo loco en Amazon. De hecho ayer ocupaba el primer puesto.

La gente calla, pero muchos todavía piensan. Por eso cada vez que J.K. Rowling, la creadora de Harry Potter, sale a decir su opinión -si no saben a qué me refiero, miren por ahí- cientos de miles la jalean aliviadas, mientras los talibanes de siempre arremeten contra ella a lomos de cuatro o cinco actores famosos que le deben todo, precisamente, a Rowling.

También fue otra semana de decir una cosa y su contraria: le han afeado el yate a Felipe González por lo del camarote de los hermanos Marx sin que por ello tengan nada que añadir sobre las posesiones de los miembros del actual Gobierno. De pronto ya no es tan necesario el confinamiento ni en Estados Unidos ni en ninguna parte siempre que se lo salten para luchar contra el fascismo, por otra parte, inexistente más que en los márgenes de ciertas sociedades. Por eso mismo ya no distinguimos el fascismo de cualquier otra cosa que nos disgusta: porque falta la referencia real y la cultura mínima para saber qué significa. Sin esa cultura mínima, la mera información puede matar.

@pacosanchez

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