La situación es desoladora. Estamos como el primer día. Como aquel 14 de marzo, con 120 muertos, en que nos dimos cuenta que la cosa iba en serio. Tenemos las mismas dudas y los mismos miedos. Cumplidos dos meses desde el inicio del arresto domiciliario no avanzamos ni un paso. Y que el desorden sigue imponiéndose allá donde mires. Si esto que vivimos es una guerra, como se empeñan en decir Pedro Sánchez y Emmanuelle Macron entre otras eminencias, el parte de guerra es escalofriante. Porque estamos perdiendo.

Los datos diarios nos causan desconfianza y pavor. Mientras bajan las tasas crece el número de infectados y el de muertos, que creíamos controlado, oscila alocadamente. Un estudio serológico nos dice que el 95% de los españoles podemos contagiarnos. Y las cifras se contradicen cada mañana al tiempo que comprobamos que las soluciones resultan poco eficaces.

Los especialistas se contradicen en la posibilidad de un segundo rebrote, en la utilidad de los test preventivos, en si los infectados generan anticuerpos, en el uso de desinfectantes, en si se logrará una vacuna y hasta en algo tan elemental como la conveniencia de utilizar mascarillas y cuáles son las indicadas. Lo que se impone en Alemania no sirve para Italia y lo que se hace en Austria no se utiliza aquí. Aún más. Es tal el desconcierto que justifican la crudeza de la pandemia en España en el turismo masivo cuando Canarias, que es esencialmente turismo, presenta las cifras más bajas.

El desconcierto es absoluto. Más de 300.000 muertos en el mundo y casi 28.000 en España y estamos como el primer día.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
13 votos
Comentarios

Parte de guerra