El asesinato de Kennedy, la llegada del hombre a la Luna y el ataque a las Torres Gemelas han dado lugar a las teorías conspiranoicas más difundidas. En los tres casos, necesitaron cierto tiempo para nacer y desarrollarse. Cada vez menos, eso es verdad. Con la epidemia actual, la conspiranoia ha llegado casi antes que la propia pandemia: estaba ya en las interpretaciones que hacían personajes más bien desconocidos de, por ejemplo, las portadas de The Economist, considerada siempre como la revista de los Rothschild, la familia más rica del mundo. Y precisamente los Rothschild, con Bill Gates y Georges Soros, aparecen en el centro de la teoría conspiratoria sobre el virus de Wuhan: una demolición controlada del capitalismo, operada por los mayores capitalistas actuales antes de que el sistema se les vaya de las manos. Se trataría de producir un gran empobrecimiento para hacerse más fácilmente con todos los activos valiosos.

La otra gran diferencia de esta teoría conspirativa con respecto a las anteriores radica en que da la impresión de que alguien ha hecho un dibujito para niños, de modo que baste con unir los puntos. Esta sería una formulación metaconspiratoria: Gates, Soros y los Rothschild se han comportado de un modo coherente con semejante teoría y con una falta de escrúpulos que podría avalarla y, además, han ido dejando pistas claras de que sabían lo que iba a pasar. Vale, ¿y qué ganan con eso? La respuesta no me cabe aquí.

Obligar a los extranjeros a una cuarentena supone hundir el turismo español, atacado además por las demenciales declaraciones del supuesto ministro de Consumo, mientras el sector siente, y lo dice, que lo arrojan a los fondos buitre.

@pacosanchez

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Buitres