De la mano de Zoom

Cristina Sánchez-Andrade
Cristina Sánchez-Andrade ALGUIEN BAJO LOS PÁRPADOS

OPINIÓN

Albert Gea | Reuters

08 may 2020 . Actualizado a las 09:59 h.

«Todo esto ha venido para quedarse». He aquí una frase sabia (por poco que nos guste) que escuché no hace mucho, en boca de una amiga. Tras casi dos meses de confinamiento, en donde nos hemos visto obligados a sustituir las aulas, las oficinas y cualquier otra forma de actividad colectiva por la pantalla del ordenador, está claro que nos hemos zambullido en un nuevo estilo de vida, del que ya no saldremos. Entre las novedades (que son muchas y muy variadas) está la de la plataforma Zoom, de la que muchos ni habíamos oído hablar antes de la irrupción de la pandemia, a pesar de que llevaba en el mercado siete años.

De la mano de Zoom hemos entrado -seguimos haciéndolo todos los días- en las casas de nuestros amigos, parientes, profesores, alumnos, políticos, conferenciantes y expertos. Ahora conocemos cómo visten en la intimidad (algunos no se han cambiado el pijama en todo el confinamiento), qué libros lucen en sus estanterías, si son ordenados o no, si viven solos o acompañados, qué cuelga de sus paredes, si tienen plantas o más bien figuritas de porcelana. Sus gatos han saltado al teclado del ordenador, sus perros se han metido entre sus piernas; conocemos a sus hijos; a veces hasta la marca del sujetador o de los calzoncillos de los cónyuges respectivos. Pero no solo eso. Con Zoom también hemos celebrado cumpleaños y juicios, nos hemos ido de cañas y hasta a algún que otro entierro. Y todo desde nuestras casas, desde nuestra habitación, desde nuestra aburrida mesa de trabajo.

Pero estas no son las únicas ventajas -si es que se les puede llamar ventajas- de esta plataforma fundada por el ingeniero chino Eric S. Yuan, que ha pasado de 10 millones de usuarios en el mes de diciembre a 200 millones a finales de marzo, y cuya compañía se valora ahora en más de 40.000 millones de dólares.