Sí, la ciencia es muy rentable

Antonio Abril Abadín LUCHA CONTRA EL CORONAVIRUS

OPINIÓN

canicoba

16 abr 2020 . Actualizado a las 08:57 h.

La actual pandemia del virus COVID-19 ha ratificado la alta valoración social de nuestro sistema sanitario, añadiéndole una bien merecida dosis de heroísmo que todos aplaudimos. Su financiación se basa en recursos obtenidos por vía impositiva y damos a la salud tal valor, que nadie pondría en duda la bondad de cualquier análisis coste-beneficio, por ingente que fuera aquel, para justificar su adecuada financiación. Sin embargo, con otro servicio público de no inferior valor social, la educación y sus derivados inherentes, la cultura, la ciencia y la investigación, el planteamiento varía completamente.

El gasto público en educación representa hoy en España el 4,24 % del PIB -el porcentaje más bajo desde 2006-. Solo cinco países de la UE-28 se sitúan por debajo de España y estamos a mucha distancia de referentes como Finlandia 6,75 % o Suecia 7,05 %. Y si nos vamos al gasto público en universidades, resulta que el indicador está en el 1,28% del PIB, el noveno valor más bajo de los 34 países de la OCDE (1,52% en promedio) que ofrecen información.

A este déficit de financiación ha de añadirse un verdadero problema cultural, la excesiva distancia entre universidad, la ciencia y la empresa y, en consecuencia, la escasa transferencia de resultados de la mucha y buena investigación que hace nuestro país (3,3 % de la producción científica mundial y de ella el 60 % las universidades) al sector productivo. No logramos convertir esa investigación en desarrollo económico y social y creación de puestos de trabajo. No facilita este objetivo la estructura de nuestro tejido productivo, basado en sectores intensivos en mano de obra de baja cualificación, con escasa vocación innovadora y constituido inmensamente por microempresas y pymes (95 % con menos de diez trabajadores y 83 % con menos de tres, solo 0,8 % de empresas medianas o grandes). Necesitamos más empresas, de más tamaño y más innovadoras, porque en un sistema de economía de mercado, único posible en el mundo actual, son el instrumento necesario e insustituible para nuestro bienestar social.