Residencias de ancianos: ¡cuidado!

José C. Millán Calenti TRIBUNA

OPINIÓN

Desde que acabándose el año 2019 las autoridades sanitarias chinas informaron a la OMS de la aparición del nuevo coronavirus, identificado actualmente como COVID-19, la alarma fue creciendo a nivel mundial, estando en estos momentos bajo la situación de pandemia y el estado de alerta nacional… ¡casi nada! Aunque desde las instituciones de atención a las personas mayores se están poniendo en marcha todas las medidas recomendadas y posibles para evitar que el virus penetre en sus instalaciones y, si lo hace, que genere el menor daño posible, las noticias a día de hoy son que, por desgracia y como era previsible, el virus ha penetrado y sus efectos son devastadores.

Efectos que vienen determinados por la elevada vulnerabilidad de este colectivo que, institucionalizado y con pluripatología, presenta menos capacidad de defensa ante la virulencia del COVID-19.

Aunque los centros de día han suspendido sus actividades, con las consiguientes repercusiones económicas para el centro y de cuidados para las familias, por el contrario las residencias han de permanecer atendiendo a sus residentes y lo han de hacer extremando las medidas de prevención que, de una manera sencilla, podríamos resumir en tres tipos: las conducentes a evitar la exposición al virus, aislándose en la medida de lo posible, restringiendo o prohibiendo las visitas de familiares y las salidas al exterior de los residentes, así como controlando el acceso de proveedores; las referidas al establecimiento de barreras antivirus, como son el lavado frecuente de las manos por parte de personal y residentes, el uso de mascarillas por parte del personal, la intensificación del servicio de limpieza sobre todo en lo que se refiere a las superficies de mayor riesgo (mesas, timbres, interruptores, teléfonos, pasamanos…); y, por último, las conducentes a detectar la entrada del virus a través del seguimiento y control, tanto de residentes como del personal, en lo que se refiere a sintomatología catarral y respiratoria, a fin de aislar el posible foco y romper la cadena de transmisión.

Por la información que nos llega, sabemos que evitar la entrada del virus es una tarea difícil y que, aun poniendo en marcha todas las medidas aconsejadas por las autoridades sanitarias, no aseguramos el control al cien por cien, pero haciendo lo que se debe las posibilidades de éxito son mayores.

Es importante, en esta situación de aislamiento, mantener a las familias informadas de cualquier incidencia, así como facilitar la comunicación entre residentes y familiares. El tiempo nos dirá si el esfuerzo realizado ha resultado efectivo, en la confianza de que así sea.