El desplome de los Óscar


Primer récord de los Óscar 2020: Parásitos, una película coreana, sacudió a los filmes de habla inglesa al triunfar por primera vez en la categoría reina. Segundo récord de la noche: el número de espectadores pendientes del Dolby Theater fue el más bajo de todas sus ediciones. Ni el aliciente de ver a Brad Pitt estirar el brazo para atrapar su estatuilla fue suficiente para rescatar a este ritual cuyo atractivo como programa va en declive. El pequeño respiro que el pasado año recibió la Academia con un inesperado repunte de la audiencia en su primera gala sin presentador llevó a la organización a repetir modelo, pero esta vez el batacazo ha sido histórico. Haya o no animador, resulta curioso reunir en una sala a las grandes mentes de la industria del entretenimiento y ahuyentar a seis millones de espectadores solo en EE.UU.

Paradójicamente, la gala de los Óscar mantiene sus aspiraciones más selectas en mercados como el español. No basta con ser abonado de Movistar para ver la ceremonia. La plataforma hace un desdoble de su oferta y solo emite un aperitivo cicatero para todos sus suscriptores a través de #0, su canal «generalista». Pero cuando llega lo bueno la retransmisión se traslada al reducto de los packs premium como gancho para captar socios. Mientras crece el desapego, muchos pagarían con gusto una entrada única para poder ver la gala sin cuotas ni compromisos.

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