He caído en la tentación y tengo que confesarlo. Perdón porque he pecado. Esa relación me tiene fascinada, ese vaivén, ese ahora te quiero yo, ahora te pongo los cuernos. Estoy entregada a esta isla de deseos, arrumacos y bailes íntimos que se trae esta pareja que nos tiene en ascuas cada semana y que llena los titulares del día con todos los entresijos de una relación convulsa. Porque lo de Pedro y Quim no me digan que no es muy parecido a lo de Estefanía y Christopher, o al menos a mí me parece que tiene casi todos los ingredientes que nos da un buen show. Tanto que podría imaginarme perfectamente a Mónica Naranjo sentando en la hoguera a Quim diciéndole la frase de moda: «Quim, hay más imágenes para ti». Y con todo el honor de un desamor también puedo llegar a pensar en un desgarrador grito de Torra corriendo por la playa de la Barceloneta: ¡Peeeedroooo!, si finalmente decide dejarlo tirado. Hay tantas tentaciones ahí fuera llenando horas y horas de televisión, que no llego a entender que algunas personas estén afanadas en echar barro sobre Fani y Christopher y en todos los espectadores que siguen su historia, cuando media España está también enganchada a este otro hit de amor. No llego a comprender ese desequilibrio, pero que conste, que yo prefiero, si me obligan a elegir, seguir el reality de Mediaset. Creo que bien visto tiene un pelín más de interés.