De la ceca a la meca


P ara conocer la ortografía correcta de la locución adverbial de ceca en meca y su variante de la ceca a la meca cabe acudir al Diccionario o rebuscar en su origen para ver qué hay tras ceca y tras meca. Uno de los primeros testimonios que encontramos de esta expresión es del Quijote (1605), en un parlamento de Sancho dirigido a su señor: «Y lo que sería mejor y más acertado, según mi poco entendimiento, fuera el volvernos a nuestro lugar, ahora que es tiempo de la siega y de entender en la hacienda, dejándonos de andar de ceca en meca y de zoca en colodra, como dicen». Cervantes ya la emplea con el mismo sentido que hoy, ‘de una parte a otra, de aquí para allí’, y le añade «y de zoca en colodra» (‘de mal en peor’).

Veinte años antes, López Tamarid explicaba en Compendio de algunos vocablos arábigos introduzidos en lengua castellana en alguna manera corruptos, de que comúnmente usamos que ceca era una casa cordobesa de oración a la que iban los musulmanes. Covarrubias, en 1611, era uno de los primeros en relacionarla con la locución adverbial de marras: «Cierta casa de devoción en Córdoba, a do los moros venían en romería, de allí se dijo andar de Ceca en Meca». Esa idea, desarrollada después por otros autores, se enfrenta al hecho de que el dicho se empleaba hasta tiempos relativamente recientes sin artículos (de ceca en meca) y mayoritariamente con minúsculas.

José María Iribarren, el gran experto en frases proverbiales, cree que esa tesis carece de fundamento, así como el dicho catalán que presenta ceca y meca como topónimos de Andorra (correr de Ceca a Meca y los valles de Andorra). Considera que estamos ante «una de tantas fórmulas rimadas, donde la segunda voz (meca) carece de significado y no tiene otro valor que el de un consonante. En cuanto a la primera palabra, ceca, es posible que aluda a la casa de la moneda y a la mezquita cordobesa, pero no me atrevería a afirmarlo». Cree que meca puede ser ceca con la letra inicial cambiada por m, como otras fórmulas rimadas, como oxte-moxte, el oro y el moro, ágilis-mójilis, troche y moche, tiquis-miquis, etcétera.

En la Academia parecen ser más de esta tesis que de la de la mezquita y la ciudad santa árabe, pues el Diccionario escribe la locución adverbial, en sus dos variantes, enteramente con minúsculas: «de ceca en meca, o de la ceca a la meca».

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