Maltratadores


Más de la mitad de las muertes violentas de mujeres ocurren a manos de sus parejas y por cada una de ellas se registran, al menos, otros 20 casos que precisan atención médica o psicológica. El maltrato a las mujeres por parte de sus parejas masculinas aparece en todos los países y culturas y a todos los niveles educativos y socioeconómicos. No existen marcadores físicos, psíquicos ni biológicos capaces de detectar a un maltratador; no existen porque cualquiera podría serlo dependiendo de múltiples factores y circunstancias.

La civilización se alcanzó cuando sustituimos la fuerza por el derecho, sin embargo, hay muchos hombres que ante la igualdad de derechos lograda por la mujer sienten amenazada su posición de poder en la relación y recurren a la violencia y al sometimiento como manera de reafirmar su posición dominante.

También hay hombres cuya relación con el deseo sexual es tan problemática que solo mediante la violencia pueden excitarse, estos hombres no son perversos, actúan violentamente pero no suelen asesinar. Los perversos de verdad sí lo hacen y habitualmente pasan de la agresión al suicidio, demostrando la gran dependencia emocional para con su víctima y lo insoportable de vivir sin ella, no por el peso de la culpa, sino por la frustración de haberlas perdido.

Podemos afirmar que no existen indicadores objetivos para identificar a un maltratador pero sí disponemos de algunos rasgos habituales. Son individuos que han visto o padecido la violencia en sus familias de origen, que tienen dificultad para reconocer y expresar los propios sentimientos y una baja o nula empatía; creen en la violencia como una forma aceptable de solucionar los conflictos, suelen minimizar, negar o no recordar las agresiones anteriores y justifican su violencia en base al comportamiento de su pareja. Reza un viejo proverbio Masái: «Las patas de la gacela están cinceladas por los dientes del león» (No hay leones sin gacelas ni gacelas sin leones). A los rasgos del maltratador cabe añadir algunos de sus víctimas: mujeres que niegan la realidad y la reformulan culpándose de la misma, mujeres que creen que con amor y resignación acabarán redimiendo al maltratador y mujeres que justifican la agresión como debida a un mal momento, un colocón o una prueba inequívoca de amor (muy habitual en la celotipia).

El maltratador es producto de una historia familiar, social y personal muy difícil de reescribir. Siempre habrá maltratadores.

La prevención del maltrato compete a toda la sociedad pero sobre todo a la mujer ,que tiene que saber que hay límites que una vez saltados no se pueden reconstruir, si consientes que te alcen la voz será más fácil que te levanten la mano y si así lo permites que te den la primera somanta.

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