El pesimismo nacional

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Óscar Cañas - Europa Press

30 nov 2019 . Actualizado a las 10:39 h.

Les ruego que tomen nota de tres estados de opinión. 1.- El 80 por ciento de los ciudadanos piensan que la situación política es mala o muy mala. 2.- Aumenta la decepción con la clase política, que pasa de ser el tercer problema nacional a ser el segundo, por encima de la crisis de Cataluña y solo por debajo del paro y las preocupaciones económicas. Y 3.- El 76 por ciento tiene poca o ninguna confianza en Pedro Sánchez y el 81 por ciento tiene poca o ninguna confianza en Pablo Casado. No son datos inventados por este cronista. Son datos del último barómetro del muy oficial Centro de Investigaciones Sociológicas.

El primer porcentaje señalado se puede empeorar con una simple pregunta: ¿Conoce usted a alguien que considere que la situación política es buena o muy buena? Sobre el segundo se puede hacer una pregunta parecida: ¿Conoce usted a alguien que considere que los políticos estatales están arreglando la situación? Y sobre el tercero, disculpemos a Pablo Casado, que todavía no pudo demostrar su capacidad de gestión. Es más inquietante la falta de confianza en Pedro Sánchez, porque lo podemos tener de presidente del gobierno para cuatro años antes de la Navidad, según los vaticinios de Pablo Iglesias.

En todo caso, lo que demuestra el barómetro es que España es un país instalado en el pesimismo y en un pesimismo creciente. Las encuestas nunca han mostrado un pensamiento plenamente positivo, en contraste con la visión que de nosotros tienen en el exterior. Pero no es fácil recordar un retrato tan genéricamente pesimista. Hacemos un relato absolutamente negativo de nuestra realidad y de quienes administran o representan los intereses comunes. Diríase que estamos deprimidos por todo: por el ambiente económico producido por la desaceleración; por la falta de un gobierno estable que lo tiene todo paralizado; por la incapacidad manifiesta de los partidos para poner fin al bloqueo; yo qué sé…

«El pesimismo no crea empleo», decía Zapatero cuando empezaba la crisis anterior. Hoy podemos decir algo más y más demostrable: el pesimismo agarrota la capacidad de iniciativa; crea más pesimismo, porque es contagioso; sume a la nación en el desaliento; desmoviliza las inversiones y es uno de los principales enemigos de la unidad nacional: los nacionalismos, hoy claramente independentistas, nacieron y conocieron sus puntos más altos de adhesión popular cuando el pesimismo español fue más evidente. Por ejemplo, en 1898 o en la crisis de 2007. Creo que, a falta de argumentos para combatirlo, el Estado tendría que hacer algo para devolver la confianza a la sociedad. No hacen falta grandes milagros. Solo se requiere alguien que vuelva a decir «España va bien».