Submarinos de la droga

Uxio Labarta
Uxio Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

28 nov 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Si ustedes han tenido la oportunidad de leer o ver La reina del Sur, tan próxima a nuestro mundo gallego, habrán podido completar el retrato, en parte novelado y mistificado de Fariña, como aproximaciones a una realidad económica y social abierta y encubierta que conformó a una parte de la sociedad gallega, pero que lo impregnaba todo. Desde la industria, la agricultura, y el mar a la construcción y el urbanismo, trufando también la política y el poder.

Si todo se fortaleció con el tabaco, y antes se inició con el estraperlo y el mundo de la raia portuguesa, la realidad cambia cuando desde las redes del tabaco se entra en la cocaína y el hachís. Y se produce la gran internacionalización del narcotráfico y su organización en grandes multinacionales del crimen. Lo que no quiere decir que en el tabaco tal internacionalización no existiese, por más que entonces fuese el mundo italiano o el turco quienes le daban soporte.

Hoy las dimensiones de todo ello se han transformado profundamente, y queda por conocer el entramado de organizaciones y redes que se han ido consolidando en los últimos años en las costas gallegas y del sur de España como multinacionales del narcotráfico. Hasta el extremo de que los avisos desde hace más de diez años del uso de pequeños submarinos para traer la droga, se han confirmado ahora con la captura en aguas gallegas de una gran descarga realizada desde un imaginado submarino.

Si bien Fariña y La Reina del Sur dan cuenta de esta escalada de internacionalización de las organizaciones locales de tráfico de drogas, mostrando no solo las conexiones colombianas o marroquíes, sino las rusas y las de más allá de los Balcanes, se mantiene la opacidad literaria y también la informativa sobre estas. No encontrando todavía para esas organizaciones una obra literaria del alcance de la de Don Winslow, El poder del perro, para el narcotráfico en México y Estados Unidos. Hasta el extremo de que el hachís y la cocaína, tan propias para el imaginario gallego como el tabaco, confunden la lucha de las madres coraje contra los narcotraficantes. Envolviendo en la niebla la heroína, causante de muertes en toda una generación de jóvenes, pero con un origen bien diferente en sus redes de distribución y suministro. Nos llegaba y nos llega desde el triángulo de oro (Tailandia-Birmania-Laos), la heroína blanca, y desde Afganistán, Pakistán, India y Turquía, la heroína marrón. El tráfico de heroína, con una logística sin necesidad de grandes infraestructuras, es también el que menos aflora en los medios y en las ficciones literarias o audiovisuales. Por más que los «poblados» de chabolas y un submundo en torno a ellas, siga activo y el tráfico del «caballo» lo lleven medianos y pequeños traficantes que inundan el país con millones de dosis de heroína, la droga maldita por excelencia, pero la de menor presencia social. Incluso en aquellos años ochenta del siglo pasado, cuando los muertos/muertos y los muertos en vida estaban tan próximos.