La superioridad moral para robar


La sentencia que condena por un latrocinio continuado en el tiempo a dos socialistas que han sido presidentes del PSOE, ministros del Gobierno de España y presidentes de la Junta de Andalucía, que es como decir que lo han sido todo en el partido, y los intentos de justificar esa corrupción o minimizarla desde sus propias filas y terminales mediáticas por comparación con los casos que afectan al PP, son quizá la máxima expresión de la histórica degeneración política de la izquierda, que le lleva a proclamarse moralmente superior. De un lado, resulta inmoral que la dirección del PSOE reduzca a José Antonio Griñán y Manuel Chaves a la categoría de ex dirigentes socialistas en Andalucía y asegure que en nada afecta al PSOE lo que hayan hecho. Conviene saber que desde 1967 solo ha habido cinco presidentes del PSOE: Ramón Rubial, Chaves, Griñán, Micaela Navarro y Cristina Narbona, con lo que algo habrán sido ambos en la historia del partido. Pero mucho peor es el intento de imponer un relato según el cual la corrupción de los ERE es disculpable porque Chaves y Griñán son «honrados» y no se llenaron personalmente los bolsillos. Y además, al fin y al cabo, los 680 millones de euros defraudados sirvieron para reflotar empresas y entregar ayudas, pese a que estas fueran repartidas a dedo para comprar voluntades y votos. La corrupción socialista es así buena, porque roba a los ricos para dárselo a los pobres, aunque en este caso los ricos seamos todos los españoles y los pobres sean solo los amigos del PSOE.

Esa tesis abyecta, según la cual la izquierda es moralmente superior incluso a la hora de robar, no es sino la culminación de un inmensa estafa intelectual por la que se trata de convencer al mundo de que a la izquierda todo le está permitido porque sus fines son siempre buenos. Así, hay dictaduras malas, como la de Pinochet, y dictaduras buenas, como la de Castro. Por eso Hitler es un monstruo asesino sin discusión, pero Stalin, genocida también, puede ser reivindicado sin problema. Por eso la historia solo puede escribirla -y reescribirla- la izquierda. Por eso en España a cualquiera que no se declare de izquierda se le arrebata de inmediato la condición de intelectual o de artista, como sabe bien la cantante Russian Red, que un día dijo que era de derechas y eso bastó para decretar su muerte artística. Por eso Wyoming es un genio y lo que hace Bertín Osborne es bazofia, aunque le doble en audiencia. Y, por eso, Echenique puede seguir en la dirección de Podemos pese a ser condenado por pagar en negro a su asistente; Errejón puede liderar un partido tras cobrar una beca sin trabajar, o Espinar dar lecciones después de enriquecerse con una vivienda de protección oficial.

Eso de la superioridad moral de la izquierda no es un chiste denigratorio de la derecha, sino una tesis seriamente defendida. Y ahí está el reciente libro de Ignacio Sánchez-Cuenca que lleva ese título, prologado por... ¡Errejón!, que argumenta semejante desfachatez intelectual. Pero la corrupción es corrupción, la cometa la izquierda, la derecha, Agamenón o su porquero.

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