Tertulianos de bla, bla, bla


Si la noche de las elecciones estuvieron pegados a la pantalla de la televisión viendo los distintos programas de La Sexta, TVE, Antena 3 o Cuatro, tienen bastante mérito, porque esas mesas de sociólogos, politólogos y periodistas empiezan a ser lo más parecido al debate de Gran Hermano, a una especie de chiringuito, en el que cada cual viene a defender y hablar de lo suyo. Dan igual los resultados, da lo mismo que tu líder gane o pierda, da igual que alguien se haya salido del tiesto que los tertulianos contratados para darnos espectáculo salen como hooligans a parapetar a los suyos. Vienen con la lección tan aprendida que antes incluso de que alguno de ellos se atreva a abrir la boca el espectador sabe con garantías a quién va a apoyar y a quién quiere blanquear con sus argumentos. Así que lo que en principio se viste de una apariencia formal, de sesudas reflexiones de hombres y mujeres preparadísimos para abrirnos un poco de luz con tanta oscuridad política, termina por ser un gallinero en el que cada uno va a sacar los dientes por aquellos que son de su cuerda. Cualquier ataque a los de enfrente es mejor que un pelín de autocrítica de los suyos; por eso en esa gran noche en la que todos ganaron y todos perdieron, los espectadores de los programas de televisión nos aburrimos tanto. Porque lo de menos fue, una vez más, el resultado.

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Tertulianos de bla, bla, bla