Suscríbete 1 año y te regalamos 140 días gratis
Quiero la oferta

Partido a partido: el PSOE de Sánchez

Xosé Luis Barreiro Rivas
Xosé Luís Barreiro Rivas A TORRE VIXÍA LA TIRA DE

OPINIÓN

Alejandro garcía

30 sep 2019 . Actualizado a las 08:25 h.

Lo que parecía imposible en el año 1976 -articular una derecha no franquista, y una izquierda creíble para la gente y fiable para el sistema-, se consiguió en 1977, gracias a Suárez, que atrajo a la UCD a las tecnocracias más cualificadas de la España del desarrollo, y a Felipe González, que aggiornó la memoria mitificada del PSOE, su único capital, con un electorado que supo entender a la perfección dónde estaba la clave de funcionamiento de un sistema que -¡oh, sorpresa!- aún estaba por crear. Poco después, durante la redacción de la Constitución de 1978, se forjó el sistema a la medida de un electorado y un país que, apostando por la estabilidad y la moderación, funcionó en régimen de bipartidismo imperfecto, con un balance muy positivo, hasta finales de 2015.

Aunque UCD no era un partido, sino una aglomeración táctica de grupos de poder e influencia que fueron absorbidos por Fraga en 1982, es evidente que la continuidad del sistema quedó garantizada por dos partidos -PP y PSOE- que concentraban en sus programas y electorados los acuerdos básicos de la transición, y que tenían la cultura democrática suficiente para compatibilizar su voluntad de combatirse, como alternativas, con la necesidad de entenderse, como pilares de un sistema y un país que tuvo con ellos los cuarenta años de libertad y progreso más felices de los últimos siglos.

En el título de este artículo ya se da a entender que aquel gran PSOE, que los viejos tenemos en la memoria como una pieza fundamental del buen gobierno, está pasando un mal momento, y que más allá de los vaivenes electorales que empezó a sufrir a partir del zapaterismo, el liderazgo de Sánchez ha alterado, en su exclusivo beneficio, las alianzas subyacentes al sistema, que ahora empoderan a minorías extremas, a nacionalistas e independentistas, y a populistas de diversa especie, para que, con sus magras y minifundistas cosechas de votos, estén funcionando como claves de bóveda de la gobernabilidad del país. Y ahí andamos, y andaremos, si no espabilamos aína.