Partido a partido: Ciudadanos

OPINIÓN

Jesús Hellín | Europa Press

30 sep 2019 . Actualizado a las 08:26 h.

Aunque la fundación de Ciudadanos (Cs) se remonta al 2006, apenas tuvo relevancia hasta el 2015, cuando el fraccionamiento de la estructura de partidos, la deslegitimación de la Transición y el conflicto independentista le ofrecieron la ocasión de dar el salto a la política nacional, y proponerse como una alternativa ética, liberal y modernizadora al PP. Los teóricos de esta oportunidad -abonada con los fichajes de Garicano, Nart y De Carreras- daban por supuesto que, reblandecido el bipartidismo, y destrozada la condición de bisagra que había monopolizado CiU, se hacía imprescindible un partido liberal que, metido entre el PP y el PSOE, debía convertirse, con 20 o 30 diputados, en el centro del sistema y de la gobernabilidad del Estado.

El plan era tan perfecto, y tenía razones tan poderosas, que tuvo éxito pleno en sus principales objetivos. Primero, creció como la espuma; gozó del beneficio de los tertulianos más yuppies; superó al Podemos que quería asaltar los cielos; se implantó en los niveles autonómico y local; ganó unas elecciones en la Cataluña del procés; y, con personajes como Inés Arrimadas, se convirtió en el paradigma de las nuevas clases políticas que todos querían imitar. Y segundo, más milagroso aún, culminó todas sus expectativas en las elecciones del 28A, al convertirse en el partido bisagra que, con 57 diputados, podía darle la mayoría absoluta al PSOE, y situarse como árbitro de todos los poderes.

Pero el diablo, que no duerme, aprovechó la moción de censura del 2018 para romper el saco de ambiciones del voluble Rivera, y para convencerlo de que el control del centro liberal era muy poco para el este Talleyrand barcelonés. Y para eso le hizo creer que la conjunción astral entre un Sánchez embarrado por la mayoría Frankenstein, y un Casado cargado con las mochilas de la caída de Rajoy y las tardías rebabas de la corrupción, eran su oportunidad para -cuando se produjese el inexorable hundimiento del sanchismo- gobernar España.