Vuelta a la escuela de calor


A inicios del curso pasado, el primer viernes de escuela, Greta Thunberg se declaraba en huelga por el clima. En solitario y pancarta en mano, plantada ante el Parlamento de Suecia, su gesto devolvía el calentamiento global a las primeras planas. Ahora, los #FridaysForFuture, transformados en fenómeno generacional, congregan cada viernes a millones de jóvenes de todo el mundo que reclaman las medidas urgentes que necesita el planeta.

Por lo pronto, Europa mantiene el compromiso de descarbonizar su economía para el 2050, tal y como, antes del verano, daba cuenta Von der Leyen en su discurso de investidura como presidenta de la Comisión. Con esa perspectiva, cabe prever que los mediocres acuerdos para el medio plazo alcanzados durante la pasada legislatura europea sean revisados en breve.

En este contexto, España destaca entre los pocos de la UE con un Plan de Energía y Clima significativamente ambicioso, con objetivos para 2030 del 42 % en renovables. Un compromiso personal del presidente Sánchez, muy superior al comunitario del mero 32 %. Cuarto europeo en participación renovable, con el segundo parque eólico -que otrora encabezara Galicia-, nuestro país avanza de nuevo por la senda de la sostenibilidad.

Pero, pese a las evidencias de una crisis del clima que sigue haciendo estragos, derritiendo los polos o reduciendo a cenizas desde la Amazonia hasta, en medio de la inacción política, nuestros montes más cercanos, no todos se toman en serio la amenaza. Prueba de ello es la salida hace dos años de EE.UU. del Acuerdo de París, apenas medio año después de la elección de Trump como presidente. Con la retirada del segundo emisor de CO2 tras China, el compromiso se convertía de facto en papel mojado. Greta Thunberg fue hasta Nueva York con la perspectiva de la actual Cumbre del Clima. Lamentablemente, más allá del maquillaje del márketing electoral, los golpes de pecho, los tuits de exaltación y la retórica vacua, poco cabía augurar de esta cita a la vista de otras recientes como la del G7 en Biarritz o del constante auge nacional-populista a la cabeza del orden mundial -al que sumar ahora a Johnson y Bolsonaro-.

Junto al vicepresidente designado para el European Green Deal, Frans Timmermans, la urgencia climática deberá, sin duda, reforzar su presencia en la agenda internacional de la UE y de su nuevo responsable, José Borrell. Mientras, a la espera de este necesario impulso europeo, de vuelta a la escuela de calor, la joven Thunberg mantendrá el testigo de aquella verdad incómoda que la década pasada nos desvelara Al Gore para seguir reivindicando la respuesta decidida que nuestro planeta no puede esperar. Ponerla en marcha requiere tan solo de un verdadero compromiso y voluntad política.

Por Orestes Suárez Antón Doctor en Ciencias Políticas

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