Nuestra democracia emite un SOS


Gracias a la incompetencia de unos, la soberbia de otros y el fallido cálculo interesado de casi todos, España se ha librado de la peor de las hipótesis políticas. Celebrar cuatro elecciones generales en cuatro años es ciertamente una situación absolutamente lamentable que no solo demuestra que estamos en manos de la peor generación política de nuestra historia, sino que causa un daño enorme al prestigio internacional de nuestro país, a la reputación de nuestro modelo democrático y a nuestra economía en un momento especialmente crítico por la coyuntura internacional. Pero mucho peor que acudir de nuevo a las urnas habría sido que se hubiera formado un Gobierno en minoría en el que un partido comunista de corte populista, con un discurso bolivariano y antisistema y que defiende un inexistente derecho de autodeterminación, como Unidas Podemos, hubiera tenido una representación capaz de condicionar las políticas del Ejecutivo a la hora de afrontar los desafíos que aguardan a muy corto plazo.

Ese Gobierno, que ya de por sí habría sido lesivo para los intereses de España, habría estado además, al contrario de lo que sostiene con tanta insistencia Pedro Sánchez, a merced de los votos de los partidos independentistas, dado que, incluso sumando al PNV y a los regionalista cántabros del demagogo Revilla, solo era viable con el voto a favor o la abstención de ERC o, peor aún, de un partido como Bildu, dirigido por un ex miembro de la banda terrorista ETA. No es difícil imaginar cómo habría acabado ese Gobierno y qué habría sucedido en España cuando llegara la hora de aplicar las reformas económicas ineludibles para afrontar el brexit o cuando se conociera la sentencia del procés, que puede suponer elevadas penas de prisión para los líderes de un intento de golpe de Estado que, insistimos, habrían tenido en su mano la estabilidad de ese hipotético Ejecutivo.

El problema más grave no es por tanto que España tenga que volver a las urnas, porque eso acaba siendo el mal menor ante esa otra hipótesis alarmante, sino el daño que se está causando desde hace años a una democracia como la española, que hasta hace poco era un ejemplo de estabilidad. Dos son las grandes amenazas a ese modelo surgido de la transición. Una es la aparición de unos discursos de odio desconocidos en 40 años de democracia entre dirigentes y hasta entre militantes de los partidos. Y otra es que se haya normalizado como a unos actores más de la política a fuerzas que no condenan el terrorismo, como Bildu, o que alientan la destrucción de la nación española, como ERC. Partidos con los que ya no solo es posible pactar, como hemos visto, sino que son invitados a integrarse en una mayoría que dirija el destino del país.

Elecciones habrá muchas en el futuro, afortunadamente. Cuantas más, mejor. Pero democracia solo hay una. Cuidémosla. Estamos sentando las bases para destruir lo que tanto costó edificar. Es de esperar que los españoles, de izquierda, de derecha y de centro, le hayan visto las orejas a ese lobo y eviten el 10N que sigamos por ese camino.

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