El «streaming» toca techo


Pocos creían hace unos años que llegaría un día en que la gente pagaría por ver la televisión. Resultaba disparatado imaginar que el público abonaría una cuota cada mes para tener acceso a productos que eran, en esencia, efímeros, creados para consumir y echar en el olvido. Hoy el aluvión de servicios de streaming amenaza con aplastarnos y está saturando el mercado hasta generar desasosiego entre quienes tienen la imposible aspiración de ponerse al día. Ver lo mejor de cada marca es un capricho demasiado caro.

Canales comerciales y grandes compañías se pelean por un trozo de ese pastel que es el entretenimiento a la carta y al que el próximo otoño se sumarán dos nuevos gigantes: Apple y Disney. Los dos han optado por reproducir un guion similar al de las ya existentes Netflix, HBO o Amazon Prime: ofrecer un videoclub de fondo enriquecido con contenidos exclusivos que solo se pueden ver en cada uno de los servicios, como si uno tuviese la obligación de abonarse a una editorial y leer solo los libros que esta publica.

La pregunta que queda ahora por resolver es cuántas plataformas es capaz de asumir el mercado y a cuántos servicios puede abonarse un usuario. Las compañías ya trabajan para evitar las disidencias. Disney+ se está blindando con un férreo sistema para impedir la tentación de compartir contraseñas.

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