Sentencia suprema


Empieza el verano con un sol de justicia, con un fallo supremo del alto tribunal que despeja los nubarrones con que nos había encapotado la moral el caso de la Manada, tras la insoportable necedad del fallo que encendió la mecha de la solidaridad en las calles hace un año. El «no es no» se convirtió en clamor social el pasado verano, y el «No es abuso, es violación» es hoy el titular de la esperanza, un paso de largo alcance, que durará mucho más que el día más largo. Meigas fóra, a la hoguera viejos pensamientos que dictan sentencias intimidatorias. Los que vitorearon al Prenda en la feria de abril (una realidad preocupante, más seria que festiva) se han quedado sin verano azul para su dominio y desvergüenza, tienen menos motivos de jolgorio y regocijo tras la sentencia del Supremo.

La sociedad y la judicatura han sido firmes frente a la violencia. Exactas las palabras de la fiscala sobre «la superioridad numérica y física de los acusados». «No se puede exigir a las víctimas una actitud heroica», sentenció la Fiscalía. Bochornosas las palabras del abogado de la Manada, y los callejones morales sin salida a que nos llevan. Pero aún hay quien no entiende que la clave es el contexto, el portal, la encerrona de uno que se multiplicó por cinco. Ellos eran cinco lobos, pero ella no fue Caperucita. Menos cuentos y más sentencias como esta. Gracias.

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