El sublime arte de no decir nada


Cuando se conceda uno de esos premios que se otorgan a la innovación, propondré que uno sea para don Pedro Sánchez. Se lo ha ganado. Eso de crear un «gobierno de cooperación» y que sea admitido en hora y media por el máximo promotor del gobierno de coalición es algo que no se había visto en la política mundial, ni por el nombre ni por las posibilidades que ofrece. El nombre es que vale para todo. Vale para que sus miembros sean ministros con todas las de la ley, o que sean secretarios de Estado o incluso subsecretarios. Vale para ser un sinónimo de coalición o un eufemismo del gobierno del PSOE en solitario, pero con ayudas internas y externas de otros partidos. Y vale, sobre todo, para salir del paso, no decir nada, pero ganar los titulares de todos los medios que están más preocupados por la gobernación del Estado que por los cargos que va a cosechar Vox en los gabinetes y parlamentos regionales. Un invento en toda regla.

Lo que ocurre es que tan polifacético concepto empieza a requerir un traductor. Mejor dicho: todas las ruedas de prensa de nuestros políticos empiezan a necesitar un intérprete que nos vaya diciendo, como los traductores de lenguaje de signos, qué está queriendo decir el portavoz de turno. Por ejemplo, cuando Pablo Iglesias demuestra su riqueza de léxico y nos cuenta que «un gobierno conjunto es un gobierno conjunto, se le ponga el nombre que se le ponga». O cuando la señora Lastra, voz profunda de Sánchez, nos aclara que un gabinete de cooperación «es incluyente, no cerrado como el de coalición». Ambas ruedas de prensa han de pasar a las antologías de la comunicación como la culminación del arte de hablar mucho, explicar también mucho y dejar al contribuyente como estaba.

¿Quiere decirse que Sánchez ha renunciado a tener un gobierno socialista como pretendía? ¿Quiere decirse, por el contrario, que Iglesias renuncia a la coalición cuando asegura que «lo importante son los contenidos»? ¿Ahora ya confía en que se puede apoyar un programa sin ser ministro, cuando ayer mismo decía que un programa así era papel mojado? Sí, que vengan los traductores y que nuestros políticos aparezcan en rueda de prensa acompañados de intérprete. De lo contrario, lo único que queda claro del encuentro Sánchez-Iglesias es que tienen la palabra, cooperación, pero tampoco saben de qué va. Por eso remiten a negociaciones muy largas y a una serie indefinida de reuniones más discretas justo hasta ese momento: el momento de saber de qué va. ¿Y así cuánto tiempo estaremos? No tengáis prisa: la Constitución prevé seis meses para la investidura de un presidente y solo después de ese medio año habrá que ir a la repetición de elecciones. Seis meses. Una eternidad.

?Todas las ruedas de prensa de nuestros políticos empiezan a necesitar un intérprete que nos vaya diciendo, como los traductores de lenguaje de signos, qué quiere decir el portavoz

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