Solo una falda

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

Hermes Inter Televisión

02 jun 2019 . Actualizado a las 19:46 h.

Se cuenta que un taxista de Vigo se embutió una falda blanca para sobrellevar el viento africano y desactivar una indicación normativa que les impide a los señores que bajan la bandera afrontar la jornada con un pantalón que deje ver los tobillos, y de ahí para arriba. La ordenanza concede a la vestimenta una trascendencia mística que deberían reconocer todos los que creen que un pespunte es una frivolidad y Alexander McQueen, un mamarracho. Es cierto que el conductor asume su rebelión textil sin asomo de épica -nos cuenta Luis Carlos Llera que solo quiere combatir el sofoco con las armas adecuadas-, pero la descomunal reacción del entorno demuestra que este sans culotte de los pesetos puede ser el líder de una nueva estirpe de hombres que se embuten la falda para cambiar el mundo.

Creen los compañeros de este Espartaco del motor que «vestir con falda no le hace ningún bien al sector del taxi» y que ellos tienen una «buena imagen» que deben respetar. Un escalofrío me recorre el espinazo al recordar a cuántas brujas se ha quemado con argumentos similares. Son muchas las caídas en el nombre de la imagen, las buenas costumbres y el decoro.

Desde aquí mismo indico que Jorge, este taxista insurrecto, debería ser solo el primero. Y que los consejos de ministros, los de administración, los institutos y las inauguraciones de rotondas deberían llenarse de hombres en falda, de señores con polleras tan diversas como diversos son ellos, de tipos con sayas largas y cortas, de vuelo y arrepetadas, de lunares y rayas, topos y tartanes, faldas con godets y plisados, rectas, de tulipa, lápiz y evasé. Una gozosa diversidad, un motín de Esquilache invertido. A la revolución por la falda. Un hombre, una falda. A cada hombre, su falda. Ainssss… tanto lío por un trozo de tela.