Que no, que me voy pa' la cama


Ya no se puede más. Ni se aguanta más. Será la edad o será que la paciencia se agota, o ambas cosas, pero hemos llegado a un punto en que es imposible esperar por el prime time. Que me siga él si quiere, o que me espere con toda su ansia, que la mía no mueve un botón más de la tele para ver el momento culmen del reality de turno a las dos de la mañana. Me da igual si la Pantoja roba comida, si Violeta está achuchándose con Fabio, si en Masterchef han desplumado un pollo o si Bertín ha cambiado los cojines de su casa. Si todo eso sucede casi a las tres de la mañana no hay manera de que interese; nos hemos agotado en ese modelo viejuno de estar sentados en el sofá aguardando por una escena que sabemos que podemos ver en cualquier momento del día siguiente. O de ese mismo día, porque entre los spoilers de este mundo inmediato, que todo lo avanza por anticipado, en este ritmo loco de contarnos todo al minuto, la tensión y la sorpresa del imprevisto no la acepta casi nadie. Como no acepta casi nadie perder el tiempo del sueño, con un prime time estirado hasta el infinito, en un estilo de vida que ya no es. No queremos perder sueño sabiendo que la Pantoja, Bertín o el concursante de Masterchef tienen su rebobina asegurado, sus mejores vídeos al momento en la web y todo el relato que queramos. Y además para ver ese espectáculo sin emoción, mejor irse pa’ la cama.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
8 votos
Comentarios

Que no, que me voy pa' la cama