El adiós de Sheldon

La creación de Chuck Lorre, que acaba de emitir su último capítulo, suma la particularidad de haber dado visibilidad a la ciencia


Una pandilla de amigos. Un sofá. Dos pisos en el mismo descansillo. El enorme parecido que ha existido entre Friends y Big Bang Theory deja clara una cosa: la fórmula básica de la telecomedia amable funciona. La creación de Chuck Lorre, que acaba de emitir su último capítulo, suma la particularidad de haber dado visibilidad a la ciencia y haberla convertido en materia de ficción para todos los públicos. Aunque partió en origen de estereotipos muy primitivos, la vecina rubia y frívola y los chicos listos sin habilidades sociales, logró trascender más allá.

En su despedida, la comedia se enfrentó a una catarsis y a la llegada de grandes cambios, empezando por el inesperado arreglo del ascensor eternamente averiado. Es bueno que sea el personaje de Amy, interpretado por una de las actrices con peor salario de este clan de millonarios, quien asuma una especial relevancia en el final. No solo da voz a uno de los grandes retos que tiene la rama científica: el de convencer a las chicas de que ese es un trabajo apasionante. También protagoniza una escena sin chistes ni risas enlatadas, rara excepción, en la que reprocha a Sheldon Cooper lo egoísta que ha sido con los demás todo este tiempo. Afectado por ello a su manera, el físico dedica el discurso más importante de su carrera a hacer una exaltación de la amistad que cierra doce años de humor.

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