Ojito con las turcas


Mientras medio mundo habla de Daenerys y todas las batallas de Juego de Tronos, hay otro medio que se ha despertado con una pasión turca. Los culebrones que está echando Divinity, después del éxito de Fatmagül en Nova, ha arrastrado a un público ávido de capitulones con todos los tópicos del formato clásico: chico-chica, amores imposibles, y todos los escollos por el camino para que el destino no se cumpla. Claro que las turcas tienen a favor, lejos de aquellos seriales venezolanos de los ochenta (en que los platós eran de cartón piedra), una producción de cine y unos exteriores cuidadísimos. Pero en esencia es más de lo mismo. Un guion lleno de giros y ese recordatorio innecesario de repetir lo sucedido en el capítulo anterior, aunque se sumen más de 80 episodios y haya sucedido de todo en poco tiempo. Pájaro Soñador, Stiletto Vendetta o Kara Sevda son las emociones turcas que hacen arder ahora a una audiencia joven, sobradamente preparada, que sigue disfrutando con los enredos del novelón de siempre. Un filón imparable que bate récords incluso frente a los realities más jugosos. ¿La explicación? El espectador tiene estas contradicciones del propio gusto: un día puede estar rendido a una superproducción millonaria, y al siguiente, quedarse boquiabierto con la historia de una cenicienta de Estambul que se enamora del jefe. La pasión turca va por ahí.

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