Maltratos, risas y silencio

Rosa Arcos FIRMA INVITADA

OPINIÓN

21 may 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

La semana pasada una compañera de trabajo -en el sentido más amplio de la palabra, que abarca desde el espacio físico hasta los valores por los que luchamos- fue brutalmente atacada por su ex pareja en su oficina, recordándonos así que las mujeres no estamos seguras en ningún sitio.

Que las mujeres no podamos sentirnos seguras es, en el fondo, culpa de la sociedad en su conjunto. Culpa de ese silencio cómplice al escuchar comentarios que normalizan con humor actitudes machistas, de ignorar los gritos en casa ajena porque lo que «pasa en su casa es cosa de ellos», o de pensar que las víctimas son siempre otras, de alguna naturaleza especial, y que a nosotras no nos va a pasar.

Estas actitudes personales tienen su reflejo en las estructuras sociales. Con cada denuncia que se ignora o archiva, con cada indicio médico que no activa el protocolo, con cada noticia que pone el foco en la víctima y blanquea el perfil del agresor con comentarios como «siempre ha sido muy amable», con cada euro que escatiman las administraciones en la lucha contra la violencia de género.