Más allá del idilio socioliberal

OPINIÓN

BENITO ORDOÑEZ

30 abr 2019 . Actualizado a las 10:20 h.

España necesita un Gobierno «estable y proeuropeo». A pesar del lenguaje encriptado, sin siglas ni colores, las preferencias de la Comisión Europea son claras y bien conocidas: socialistas y liberales deberían formar Ejecutivo. En la capital comunitaria se percibe esta fórmula como la más natural, el camino más fácil para taponar a corto plazo -que no solucionar-, los problemas territoriales que arrastra el país, sacar adelante unos presupuestos fiables y devolver a España el lugar que le pertenece en la Unión Europea, de la que ha estado semi ausente en la última década. 

En los últimos años las dos familias han caminado de la mano en la Eurocámara, votando a menudo en la misma dirección y defendiendo el proyecto europeo de los feroces ataques de la ultraderecha racista y eurófoba. Pero esta ecuación no cuaja en el ecosistema político español. Y no lo hace porque no existe una fuerza verdaderamente liberal y progresista. Rivera ha querido jugar la partida por otro flanco, alejando a Ciudadanos del centro que tanto le reclaman sus compañeros europeos y que él mismo simuló abrazar. Con sus ataques viscerales a Sánchez y sus malabarismos para evitar excluir a Vox en su cruzada por desalojar al «okupa de la Moncloa», ha convertido lo que debía ser una contienda política en una batalla personal. Su estrategia ha arrinconado al partido contra la pared, sin margen de maniobra ni vías de escape alternativas a la oposición. Ha preferido disputar el cetro de la derecha al desmembrado y moribundo Partido Popular antes que facilitar la formación de un Ejecutivo progresista, bendecido en la UE. Ante la cerrazón y el giro oportunista de Ciudadanos hacia la derecha, en los cuarteles comunitarios se le empieza a perder el miedo a fórmulas alternativas como la que reclamaron los militantes socialistas a voz en grito bajo los balcones de Ferraz: un gobierno sin Rivera, en minoría, con la presencia de Unidas Podemos. «La democracia nunca nos da miedo», sugirieron ayer los portavoces de la Comisión al plantearse este escenario. Porque sí, también hay vida más allá del idílico romance socioliberal.

Bruselas confía en Sánchez. Eso proclama tras 10 meses de Gobierno socialista. Pero Rivera despierta dudas. Su estrategia ha desconcertado a muchos. Incluso a sus correligionarios, quienes le han mandado un mensaje claro: con la ultraderecha no se pacta. Ni en Andalucía, ni en Madrid ni en la UE. El presidente francés, Emmanuel Macron, no esconde su incomodidad. El galo le puso letra a través de la felicitación de su ministra de Asuntos Europeos, Nathalie Noiseau, quien recordó al líder de Ciudadanos que «los progresistas deben unirse» frente al avance de la extrema derecha, no apoyarse en ellos para gobernar a cualquier precio.

Independientemente de la receta que utilice Sánchez para formar Gobierno, Bruselas respirará aliviada por el flanco ibérico mientras se mantenga en pie el muro de contención que han levantado los españoles a la extrema derecha. Con Alemania ausente, el Reino Unido inmerso en el psicodrama infinito del brexit, Francia amenazada por las garras de la Reagrupación Nacional de Le Pen e Italia sometida al vasto -con “v” y “b”- dominio de la xenófoba Liga Norte, los resultados de los comicios españoles insuflan cierto optimismo a Bruselas: «Los resultados muestran que una mayoría aplastante del pueblo español ha optado por partidos políticos proeuropeos. Un 90%», celebró el equipo de Juncker, restando importancia a una derecha que en España siempre ha existido, camuflada durante 41 años en las filas de Alianza Popular y PP.