Lo digno


Es cierto que tenemos derecho a una muerte digna, aunque luego nos tocará la muerte que nos toque, y puede que revista la forma más ridícula o truculenta. En realidad solo tenemos derecho a que nadie nos procure una muerte indigna. También tenemos derecho a una vida digna, pero nos tocará la que nos toque o la que escojamos y quizá no parezca, precisamente, digna. Pero tenemos derecho a ella y a que no nos la quiten. La muerte, sin embargo, llegará inexorable y por sí misma. Y no, no tenemos derecho y no deberíamos tenerlo a que alguien nos proporcione la muerte directa o indirectamente. Es decir, no tenemos derecho al suicidio asistido ni a la eutanasia. Sería legalizar el homicidio como un acto médico más, normal, corriente. Algo horroroso tanto para los médicos como para los pacientes.

Para los médicos, porque tendrían que hacer lo contrario de lo que vocacionalmente significa ser médico: matar en vez de curar o aliviar. Para los enfermos, porque el médico se convertiría en una amenaza, especialmente en determinadas circunstancias y épocas de la vida. Imagínense al que vive en las negruras de un problema psíquico y a esa oscuridad le suma el miedo a que en un momento aislado de confusión desesperada pueda pedir tal tipo de ayuda. O la persona mayor que no se atreve ya a pisar el hospital, porque recela. Ambos supuestos son reales y se están produciendo donde han aprobado esa práctica inhumana.

Afrontamos un debate provocado por una noticia diseñada hasta el final. Se ve que les cuesta, porque ha pasado mucho tiempo desde que montaron la de Ramón Sampedro. Pero cuando lo consiguen, los medios convierten en espectáculo indigno el homicidio supuestamente digno.

@pacosanchez

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