Las campañas electorales de nuestras fuerzas políticas parece que van a tener en común una sorprendente versatilidad o capacidad mutante que les permitirá incorporar cada día toda suerte de novedades, sin que importe nada que estas contradigan lo dicho hace poco (o solo unas horas antes).
Y esto será así quizá porque, más que enunciar programas, las fuerzas políticas -unas más y otras menos- solo buscarán acertar con los mensajes que puedan atraerles más votos. Sin más misterios. Y para ello sondearán en directo el posible atractivo de cada una de sus propuestas.
A veces nos llegará algún mensaje que parezca profundo y coherente, pero, tan pronto como el emisor descubra su poca o nula rentabilidad electoral, se esfumará inmediatamente del debate, sustituido por otra novedosa comunicación, sometida a prueba. Porque el concepto predominante será que aquello que se diga sea útil para recaudar más votos y mejorar el resultado el 28 de abril.
Esto hace que las distintas precampañas en marcha estén ya llenas de ocurrencias cambiantes, con los candidatos mucho más visibles que sus propios partidos. Las siglas del PSOE casi figuran desaparecidas bajo el nombre de su candidato, Pedro Sánchez, y casi otro tanto cabe decir en los casos del PP y Ciudadanos, con Casado y Rivera al frente.
Y todo esto porque los diseñadores de las campañas electorales trabajan para el líder y para nadie más, convencidos de que la victoria del candidato será la victoria del partido y, de paso, también la suya, es decir, la de los propios planificadores.
Decía el gran humorista Groucho Marx que «la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados».
Casi siempre que hemos oído o leído esta frase, la hemos festejado por divertida y certera. Y es que, si releemos las citas de nuestros políticos en estos días, nos encontraremos con que la definición de Groucho sobre la política es aún más seria y rigurosa que divertida.
Porque en ella se está diciendo todo, es decir, cómo todos nos van a ir cambiando cada día los renglones básicos de la interpretación de la realidad.
Podremos hablar de unos programas que cambian, de unas promesas que evolucionan o que se desfiguran, de unos horizontes de grandeza que nos prometen cosas sin base ni argumento. Pero casi todos ya nos habremos ido cansando de sus monsergas y estaremos deseando votar. ¿A quién?
En ello estaremos. No es tan fácil centrarse y decidir en plenas campañas mutantes. Pero hay que hacerlo.