Sin sentido de principio a fin


Imaginemos una familia que paga su hipoteca y sus facturas, hace frente a todos sus gastos, logra ahorrar, pero a final de año no puede disponer de ese dinero libremente. Imaginemos otra familia que despilfarra, no hace frente a las cuotas del banco y cuando llega el verano le facilitan un crédito para irse de vacaciones. Sería un sinsentido.

Es más o menos lo que ha estado a punto de pasarle a Galicia. No tiene explicación que viniendo el país de una etapa en la que la austeridad fue la reina, a las comunidades que siguen la senda del ajuste presupuestario, como es el caso gallego, se les castigue y no se les deje disponer del dinero ahorrado. Sin embargo, las que han sido más laxas con el cumplimiento de los objetivos de déficit se van de rositas.

¿Dónde está el problema en destinar esos fondos a fines sociales, en definitiva, a usar el dinero procedente de las arcas públicas para mejorar el bienestar de los gallegos? Ha sido complicado, Galicia ha tenido que pedir, reclamar, insistir y presionar a Hacienda para poder invertir unos recursos que no gastó a lo largo del pasado año. Y al final lo ha logrado.

Aún así, y una vez resuelto el entuerto, queda una pregunta en el aire. ¿Cómo es posible que con la escasez de recursos que tienen las administraciones y el millón de problemas a los que tienen que hacer frente queden fondos sin gastar? Una buena gestión consiste en usar correctamente lo presupuestado, sin pasarse ni quedarse corto, pero carece de todo sentido que la Xunta deje en el cajón un dinero que ni siquiera sabe si podrá gastar el año siguiente.

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