La solidaridad espontánea con Noel


Miras a Noel, ese crío de Betanzos, y ves la esperanza. La alfombra voladora de la esperanza que le tiende la solidaridad más bella, la solidaridad espontánea. Veinte mil euros se recaudaron en un solo día para la fundación Cris que se dedica a luchar en el hospital La Paz contra el cáncer infantil. Noel es un superhéroe de once años, como los superhéroes de todas las edades que se enfrentan a la enfermedad, a cualquier enfermedad, con entereza. Solo tenemos la salud. El reloj de la vida tiene la cuerda de la salud.

Y en esa lucha de Noel aparecen mis compañeros Toni Silva y Ángel Manso y, tras estar junto a él, tienen el pulso de contar su historia y de prender una llama hermosa. Una que da calor del bueno, el calor del cariño, que es inextinguible. El mapa de la ternura se extendió como si se conquistasen poco a poco territorios y países de esperanza. Siempre hay que soñar. Y tender la mano como esa madre que explicó que su hijo entregó los veinte euros de su hucha como un granito de arena en la montaña que necesita la Fundación Cris contra el cáncer. El gesto de un pequeño que proyecta la sombra de un gigante.

Vivimos en un cuento de hadas hasta que nos visita la fatalidad y todo se tuerce. La crónica de la familia de Noel, como escribió Toni Silva, es desde el 2015 un catálogo de sucesos. Una suma de diagnósticos y fatalidades que deben servirnos como luz para valorar lo que tenemos a mano. El coraje de Noel supera al de los medallistas olímpicos y deja mudo a cualquiera que se crea en posesión de la verdad.

En estos tiempos en los que la mentira lo anega todo, da gusto ver como en un lugar precioso, imprescindible en cualquier geografía mágica de Galicia como Betanzos, mana la fuente de la autenticidad, el agua de quien busca nadar en la vida contra todo mal. Pero dejemos hablar a su familia: «Es increíble el apoyo y la solidaridad que nos estáis brindando. Un millón de gracias». Es de bien nacidos ser agradecidos, y ellos lo son. Ojalá que esta solidaridad espontánea que ha generado la historia de Noel, pero que podía haber sido la de los muchos superhéroes que andan metidos en similares laberintos, fuera lo único que se contagiase. Ojalá que no se contagiasen las enfermedades. Ojalá que no existiesen los tumores que hacen de golpe que un martes no tenga nada que ver con otro martes. A veces trabajar en la frenética actividad de un periódico sirve para mucho, gracias a las personas que están ahí fuera. Seres humanos que tienen corazones que son esponjas.

La última oportunidad de Noel

Toni Silva

La curación de su segundo tumor cerebral pasa por un ensayo clínico para el que su familia recauda dinero

Noel, un niño de Betanzos, tiene los ojos marrones. Cuesta comprobarlo porque sus párpados son como persianas a medio bajar. Al sur lindan con unas ojeras impropias de sus once años. Al norte, con unas cejas poco pobladas. Pero detrás de esos ojos marrones, justo después de los globos oculares, se esconde el grave problema de Noel. Se llama meduloblastoma, un tumor que medía un centímetro cuando fue descubierto y que hoy ya se ha triplicado. Los mejores cirujanos de España han intentado buscar un camino para eliminarlo, para biopsiarlo incluso. Pero sin éxito.

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