Fuego amigo


En el PSOE perviven barones que dirigieron la defenestración de Pedro Sánchez en su primera etapa como líder parlamentario y orgánico, pero en solo siete meses como presidente ha frenado la caída libre de su partido en las encuestas y se aprecia un horizonte optimista de recuperación, no solo de escaños; también de su dignidad como fuerza capaz de dirigir el país y consolidar un proyecto socialista coherente con el mandato constitucional de un «Estado social y democrático de derecho». Pero, ojo, con el fuego amigo. Desde Castilla-La Mancha y Aragón, con ayuda de referentes históricos, como González y Guerra, proliferan las amenazas hacia el secretario general. Viene a cuento la anécdota histórica del general del ejército confederado Stonewall Jackson, abatido por el disparo -dicen que fortuito- de uno de sus soldados, que cambió el resultado de la guerra de secesión.

 El varapalo que recibió Susana Díaz ha dotado a la ultraderecha de altavoces e influencia en el Gobierno de una autonomía donde viven más de ocho millones de ciudadanos, empujando a la derecha razonable a su terreno. Más que para presionar a los independentistas catalanes, una convocatoria electoral justificada por la imposibilidad de aprobar los presupuestos, sería la operación plausible y necesaria para refrendar a Sánchez en su liderazgo y darle la capacidad de maniobrar como la política manda: negociando con el resto de actores políticos, sin considerar al adversario como un enemigo al que hay que aniquilar, que es la esencia del fascismo. De eso, ya se ocupan otros.

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