El futuro del PP no puede ser Aznar


La convención nacional que acaba de celebrar el PP deja claro que detecta a Vox como una vía de agua por la que se están esfumando sus esperanzas de volver a ser el gran partido de centroderecha capaz de alcanzar dos veces la mayoría absoluta. Pero una cosa es acertar en el diagnóstico y otra administrar el tratamiento correcto. Pablo Casado cometería un grave error si tratara de suturar esa herida radicalizando el discurso o haciendo una enmienda a la totalidad a la etapa de Rajoy. Y algunos síntomas, como el hecho de que hablara de que el suyo es «el PP verdadero», y sobre todo que haya recuperado a Aznar como referente político, apuntan en esa dirección.

 Algunos han olvidado cómo alcanzó el PP sus mayorías absolutas y pretenden contarnos la historia del revés. Con el discurso de don Pelayo, y con un mostacho todavía lustroso, Aznar, con todo a favor, perdió las elecciones de 1993 y en 1996 solo fue capaz de obtener 156 escaños frente a un González que agonizaba sepultado por un alud de escándalos tras 14 años en la Moncloa. Fue precisamente cuando moderó el PP en su primera legislatura cuando Aznar alcanzó luego la mayoría absoluta del año 2000. Pero ese éxito se le subió a la cabeza, volvió a radicalizarse y convirtió al PP en lo que los ingleses llaman un nasty party. Un partido antipático que dejó en herencia a Rajoy.

Y también parecen haber olvidado algunos que fue precisamente cuando Rajoy se libró del lastre del aznarismo radical y antipático de los Acebes, Zaplana, Mayor Oreja y compañía, forjó en 2011, con un discurso centrista, la mayoría absoluta más aplastante que logró nunca el PP: 186 escaños. Cifra que superaba la que alcanzó Aznar y que está en el origen del rencor del presidente de Faes. Ese mismo discurso moderado ha permitido también a Feijoo enlazar tres mayorías absolutas.

Obviamente, si algo hay que reprocharle a Rajoy es haber tapado los casos de corrupción en su partido. Algo que le costó la presidencia. Pero da la casualidad de que la inmensa mayoría de esos casos de corrupción por los que pagó Rajoy tuvieron lugar durante la época en la que Aznar era presiente del PP, aunque ahora se desentienda de manera escandalosa de toda irregularidad pasada y dé lecciones.

Que el PP recupere a Aznar como una especie de Hannibal Lecter capaz de comerse crudo a Santiago Abascal es un error. Sobre todo, porque Aznar se comportó de manera absolutamente desleal con su partido, hasta el punto de renunciar a la presidencia de honor y decir que ya no se sentía representado por esas siglas. Remedando sus propias palabras, Casado no va acabar con Vox disfrazándose de Vox y emulando su nacionalcatolicismo trasnochado, sino arrinconándolo como un partido radical y antisistema, defendiendo con firmeza el marco constitucional, el Estado autonómico, la igualdad de todos los españoles y la lucha contra el secesionismo. Pero con un discurso moderno, moderado y centrado que respete la libertad individual de sus votantes. Y por ello, el futuro del PP no puede ser Aznar.

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