El castellano desaparecido


A Toni Cantó alguien interesado o desinformado le contó un relato dramático. Le dijeron que en Galicia (y en un puñado de comunidades) el castellano había sido erradicado, había desaparecido. El diputado valenciano de Ciudadanos se creyó la patraña. Y la convirtió en un «hecho», digno de ser expuesto en sede parlamentaria y más que capaz de convertirse en gasolina para las redes sociales. 

Casi siempre polémico, Cantó trató de reabrir un viejo y estéril debate a golpe de posverdad y delirio. Pero no logró su objetivo, más bien todo lo contrario. Fue a por lana, salió trasquilado (hubo memes gloriosos como «avistan al castellano perdido a 8 millas de Ortigueira») y además perjudicó a su partido. Ciudadanos siempre ha tenido problemas en Galicia para conectar con el electorado por una razón primordial: su centralismo recalcitrante.

Quejarse de algo tan irreal y fantástico (lean A Galicia invisible: así (non) desaparece o castelán) como «la desaparición del castellano» (aunque matizó después, cuando ya era tarde) no parece la mejor forma de afrontar el camino a las elecciones municipales de mayo del 2019. La intervención del antiguo actor revivió fantasmas de antiguas campañas. Aquellas en las en las que los naranjas solo ponían en los carteles a Albert Rivera, confesaban no tener programa para la comunidad o, simplemente, lo reducían a bajar el IVA a las orquestas. Y no han pasado tantos años.

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