Habla de luces


Choqué en la radio con el discurso en directo de Margarita Robles, ayer por la mañana, en la moción de censura. Hacía tiempo que no escuchaba intervenciones parlamentarias y me sentí incómodo: Robles pasaba del tono maestra de escuela tipo Rottenmeier al delirio naif más colorista por medio de continuos asaltos a la gramática y a la dicción. Después de un elogio, muy sonrojante por descarado, de su partido, de su grupo parlamentario y de los gobiernos socialistas -por supuesto, hubo risas y abucheos cuando dedicó a Zapatero inconcebibles lisonjas-, después de todo eso, dijo que afrontarían la difícil gestión que se les viene encima «con mucha humildad». Y claro, ahí me entró la risa, porque si hasta entonces todo se reducía a una cierta ingenuidad, quiero pensar, y a una limitada competencia lingüística, esto ya pasaba de la falta de ortografía: era un hablar por aproximación, a tientas, que llamaba humildad a no se sabe qué. Como para contestarle con el paisano: «Sé quién dices, pero no vino». Seguí un rato más y pude comprobar que no le pasa solo a Margarita Robles. Hablan mal casi todos y dicen unas necedades increíbles sin miedo ni sentido alguno del ridículo. Tengo que ver más debates parlamentarios. De hecho, ayer por la tarde me puse con algunos vídeos del día anterior y apenas Aitor Esteban, el portavoz del PNV, se expresaba en un castellano correcto, que casi parecía literario por comparación. Y además decía cosas perfectamente creíbles: comprendía, por ejemplo, a quien actuara por interés de partido en la moción de censura y le parecía hasta lógico. Claro. Hablar así hace mucho más daño a quien habla que a quien, por falta de luces, traga. Me parece.

@pacosanchez

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