Las «abuelas» de Évole


Me gusta la gente que rompe tópicos, que está por hacer antes que deshacer, y me gusta que en televisión se arriesgue. Por eso en principio la idea de que Jordi Évole nos plantease a los espectadores un choque norte y sur a través de un docurreality de «abuelas» catalanas y andaluzas me pareció un acierto. Un arranque interesante para poner en cuestión todos esos prejuicios que nos sostienen como Estado y también con la cuestión de Cataluña. Y aunque televisivamente podría sugerirnos ese punto Ocho apellidos vascos, el humor siempre abre muchas más posibilidades para el entendimiento. No se le puede negar a Évole la intención, la buena fe y cierta garantía de entretenimiento, porque al menos el primer capítulo de Bienvenidos al norte generó curiosidad y esa suerte de certeza de que si el mundo estuviera gobernado por mujeres mayores todo sería más sencillo. Sin embargo, el programa de La Sexta, lejos de destruir tópicos, no dejó de guionizarse sobre ellos, y esa parte sobreactuada de todas las «abuelas» tan bien llevadas fue la que más chirrió. Tal vez si las hubieran dejado algo más libres hubieran surgido momentos de confrontación más real y espontánea con un poco más de gracia. Al espacio de Évole le faltó algo de chispa y le sobró barniz. O el buenismo de pensar que por hacer un salmorejo juntas una catalana y una andaluza ya van a estar unidas para siempre.

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