La boda de Lady Di


Como la boda de Lady Di no ha habido otra por muchas razones. Fue la primera que se televisó y que paralizó a medio planeta aquel 29 de julio de 1981 y, además, tenía el gran interés de ver al príncipe Carlos, por fin, casado. Los que teníamos memoria entonces lo recordamos así, porque aquel sábado todas las familias se enchufaron a la pantalla para disfrutar de algo que parecía en principio ajeno. ¿Ingleses? ¿Carruajes? ¿Guardia Real? Pero aquellas primeras imágenes se quedaron grabadas con la misma nitidez que la cara ‘amargada’ del novio, que dio la vuelta al mundo. Fue la primera gran boda televisada, la primera en color, la primera que abrió al público a todos los saraos en los que se empezó a confundir royals con famosos. Una tendencia que, como espectadores, nos ha dado mucho juego. Lady Di ya nos parecía en su boda una princesa de cuento envuelta en un vestido horroroso y a partir de ese enlace nos sumamos, como hooligans, a cualquier boda televisada, fuera real o casi ficción. Como la de Lolita en Marbella, también en aquellos ochenta locos en un agosto de mucho calor. Fue la boda del pueblo, el contrapunto folclórico a la de Carlos y Diana, pero quedó marcada para siempre con una Lola Flores desencajada. Fue la boda del «Si me queréis, irse» y la del «Mi hija no se casa». Un grito impensable en Buckingham, pero que aquel 1981 le hubiera salvado la vida a Lady Di.

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