La estupidez avanza


Es una opinión que sostengo desde hace tiempo: no hay remedio. Ayer mismo, cuando lo leí en nuestro periódico, corroboré mi insano criterio. Y reitero el calificativo, insano, porque es producto de una sociedad con claros síntomas de padecer esta afección: la estupidez crónica. Y cuando algo se cronifica no hay remedio. Decía nuestro periódico que los de Facebook, esa selva, han prohibido los pechos de La libertad guiando al pueblo. Si Delacroix levantase la cabeza se echaría a reír. Pero no están los tiempos para bromas, no sea que te denuncien o, lo que es peor, que te condenen. Lo cierto es que estamos sufriendo la epidemia de lo políticamente correcto. Sus cicatrices son duraderas y, como no espabilemos, acabaremos convirtiendo la insumisa libertad que pintaba Delacroix en un recuerdo del pasado. O sea, que estamos tirando piedras a nuestro tejado. Y ya está bien. No es cuestión de ideologías. Derechas e izquierdas han caído en la trampa, y todo por un puñado de votos. Hace años, en el 2015, cuando esta oleada de estupidez iniciaba su camino, en la Fox difuminaron los pechos de un cuadro de Picasso. No sé por qué no han hecho lo mismo con el David de Miguel Ángel, que nos enseña sus intimidades. Y hace unas semanas supimos que también censuraron la Venus de Willendorf, que lleva miles de años iluminando los libros de historia del arte, por fortuna. No hay remedio, repito.

Me pregunto si es peor censurar un chiste zafio, de esos que se denuncian en las redes sociales, o la autocensura que algunos asumen por la presión de lo políticamente correcto. Yo veo a Pedro Sánchez con el «compañeras y compañeros» a todas horas y ya me da la risa. Los portavoces y las portavozas. Los miembros y las miembras. Es la estupidez, no busquen más. Son las heridas de lo políticamente correcto. Hasta han manchado el necesario feminismo, que he reivindicado mil veces, con los pinceles más sucios: esos que llevan a pensar que todas las mujeres son víctimas. Y es mentira. La libertad de Delacroix era revolucionaria. Los que la censuran son, simplemente, los hijos del nuevo totalitarismo. Es la epidemia de lo políticamente correcto. La estupidez avanza. Cuánto lo lamento.

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