Gallegos sí, parvos no


Cristóbal Montoro siempre tuvo vocación de domador. Palo y zanahoria para amansar las fieras. Látigo para rebajar la fiebre derrochadora de las comunidades autónomas y equilibrar sus cuentas como mandaba el credo de Bruselas. Zanahoria, en forma de vía de crédito, para digerir las draconianas medidas de austeridad. Cada comunidad respondió a cada uno de ambos estímulos a su manera, como el Frank Sinatra de My Way. Galicia se plegó a los dictados del domador y su presidente exhibió los bíceps que lo convertían en campeón de los recortes. Cataluña, ya zarandeada por los vientos independentistas y republicanos, se dedicó a devorar todas las zanahorias que le ofrecían: 53.000 millones de euros, facilitados por el Fondo de Liquidez Autonómica (FLA). Galicia y Cataluña, los dos extremos. El discípulo que cumple a rajatabla y el alumno que no da palo al agua y vive al fiado.

En esa situación, ¿qué cabía esperar? La lógica académica o económica no sirve en este caso. Galicia, a costa de hurtar servicios e inversiones a sus ciudadanos, apenas contrajo deudas con el Estado: unos 4.700 millones en números redondos. Cataluña, manga ancha en el gasto y el derroche, absorbió un tercio del FLA: ¡Pobrecillos!, pensaban los incautos, los intereses y amortización de esa deuda mutilarán su presupuesto educativo, rajarán su sistema de salud y mermarán la dotación de la TV3. Pagarán caro sus alegrías y sus dispendios.

Pues no. Somos, ya lo dije, almas cándidas. Llega Cristóbal Montoro y propone -o sugiere- condonar la deuda que Cataluña, Valencia o Andalucía contrajeron con el Estado. Es decir, la deuda de los catalanes la pagaríamos, entre otros pueblos de la España plurinacional, los gallegos. Nos apretamos el cinturón para no empufarnos y ahora lo ceñiremos aún más para abonar el pufo de los demás. Nos quedará cara de parvos, como apuntaba el jueves el amigo Barreiro Rivas. Pero se quedaba corto: si la propuesta de Montoro va a misa, quedará demostrado que, queriendo ser más papistas que el papa en materia de ajuste fiscal, hicimos el parvo. El gilipollas, para decirlo en castellano castizo que pueda comprender el señor ministro.

Todavía no tengo claro qué resulta más ofensivo para la inteligencia: ¿la propuesta de Montoro o la justificación de la propuesta de Montoro? Dice el ministro que una quita de la deuda a determinadas comunidades autónomas compensaría las deficiencias del sistema de financiación actualmente en vigor. Cataluña, Valencia y Andalucía están infrafinanciadas. En consecuencia, no solo corregiremos esa laguna en el modelo que se avecina, sino que rectificamos, con carácter retroactivo, el sistema vigente. Es decir, Cataluña tiene razón: se endeudó para superar la discriminación a que fue sometida. Montoro y Puigdemont deberían sellar la coincidencia con un abrazo.

Dejémonos de historias de índole financiera. En el fondo, se trata únicamente de salvar al soldado Ryan. Nada tiene que ver con la economía y las finanzas: ¡Es la política, estúpido!

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