Pues resulta que, efectivamente, alguien del Depor pidió una prima por ganar el derbi ante el Celta. Ayer lo reconoció Tino Fernández, si bien, acto seguido intentó quitar hierro al asunto contextualizando el tema en una comida de Navidad y en que se hizo a los postres. Es decir, como quien después de comer y beber bien se permite una boutade o una gracia.

Nadie se cree que el presidente del Deportivo no esté molesto, otra cosa es que haga lo que tiene que hacer, que no es otra cosa que limpiar en el vestuario cualquier atisbo de dejadez o falta de compromiso por parte de sus jugadores.

Pero bienvenida sea la polémica sobre la prima, si vale para poner el foco donde de verdad hay que ponerlo: la plantilla. Cíclicamente hay que recordar que A Coruña es un lugar maravilloso para vivir. Eso, en cualquier circunstancia, pero si además eres futbolista y juegas en el Dépor, el chollo se multiplica exponencialmente. Esta ciudad trata a sus jugadores con una generosidad tremenda. A Coruña está alejadísima de la presión que viven los futbolistas en otras capitales, como Valencia, Sevilla y Zaragoza, por citar solo tres ejemplos. Aquí se ha descendido y los jugadores han sido aplaudidos.

Además, hay que añadir que ahora, desde que está el actual Consejo de Administración, la plantilla cobra sus salarios religiosamente en tiempo y hora. En pocos lugares se da tanto a cambio de tan poco a aquellos que portan la camiseta blanquiazul. Por ello, fuera a los postres, a las copas o en pleno baile, lo de la prima es una gran ofensa. A Tino Fernández, al resto del Consejo y a todo el deportivismo, que lejos de la protección que tienen sus futbolistas viven sus vidas a costa de un gran trabajo y no hacen más que sufrir por un equipo que, lo único que nunca debe, es faltar al respeto a su gente.

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Una plantilla demasiado mimada