Impregnado de machismo


Por mucho que, a primera vista, nos parezca que no reúne las condiciones estrictas que se dan en la mayoría, el crimen de Diana Quer es una muerte que hay que encuadrar entre las de la violencia machista. En esas de las que no nos damos despegado y que se han llevado en el año que acabamos de cerrar la vida de una mujer cada semana. Diana Quer no fue asesinada en el ámbito de la violencia familiar, que es donde se produce la mayoría de las muertes violentas de mujeres, ni tan siquiera había presentado una denuncia contra su agresor, pero no por ello deja de ser un crimen machista. Un asesinato terrible tras el que se esconde la supremacía del macho; una víctima de quienes consideran a la mujer como mero objeto de libre uso. Tras el depredador sexual de Rianxo se esconde una mentalidad infecta de que las mujeres, como las leyes, están para ser violadas, como aseguró un insigne representante político de Galicia en el exterior. Pero en este caso hubo más. Mucho más. El machismo impregnó todo cuanto rodeó a la joven, al suceso y a su familia, desde el mismo momento de la desaparición. Caminaba sola a horas intempestivas por lugares poco adecuados, sus padres estaban separados, no era buena estudiante, aspiraba a ser modelo, disfrutaba de compañías poco recomendables, desaparecía con frecuencia y hacía demasiadas amistades por las redes sociales, fueron algunas de las acusaciones que sobre la joven Quer y su familia pudimos escuchar, mientras ella permanecía en el fondo de un pozo. 

Acusaciones que no se hubieran producido de tratarse de un joven, aunque fuese de su misma edad y con las mismas condiciones. Del suceso que mantuvo en vilo durante casi 500 días a España entera nos quedaremos con la personalidad del descerebrado asesino, a quien ya casi conocemos tanto como a nuestros primos; con la obstinada labor de los agentes de la UCO que mantuvieron activa la investigación pese al inconcebible archivo provisional del pasado abril y con el papel decisivo de la mujer de El Chicle. Y como no se trata de un crimen que responda con exactitud a los parámetros de lo que entendemos por machistas, ni tan siquiera figurará en las estadísticas, ni será considerado como tal. Pero lo es. «Nos podía haber pasado a cualquiera», reflexionó el padre de la joven tras el desenlace. Cierto, porque ninguna mujer está libre de terminar como Diana mientras no acabemos con esa idea de que la mujer es inferior y débil. Y mientras se la siga considerando el sexo débil o estemos entusiasmados con el vestido de Pedroche.

Ninguna mujer está libre de terminar como Diana mientras no acabemos con la idea de que es inferior y débil, o nos entusiasme el vestido de la Pedroche

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