¿Son cosas de niños?


Será que cuando éramos niños de la infancia, a lo Manolito Gafotas, cogíamos ranas, éramos capaces de descuartizarlas, meterles pajitas por no sé dónde, cazar grillos, matar moscas, pillar lagartijas, cortarles el rabo. Será que cuando éramos niños de la infancia vimos matar cerdos en la aldea, ver echar a correr a pollos sin cabezas y comernos los corderitos que habían sido criados por la abuela. Quizás porque fuimos de esos niños que jugaban aún en la calle, que tocaban gatos y perros que no eran de casa, no nos asustamos mucho cuando se pone el grito en el cielo porque un crío de MasterChef tenga que sacarle las tripas a una anguila, porque sabemos lo que es. Hemos visto sacarle los ojos al besugo y hemos visto hacer chorizos que, por si alguno todavía lo desconoce, no los fabrican en lonchas. Por eso creo que a nosotros, aquellos niños, lo de la anguila nos da un poco igual. Lo que resulta más extraño de encajar es que seamos capaces de normalizar que cada vez más los pequeños sean prodigios en un mundo de adultos, protagonicen la madrugada de los programas de entretenimiento, sean el centro de atención de realities en los que cantan, bailan, cocinan, lloran porque los expulsan o porque los exponemos sin que eso nos ruborice en absoluto. Nos da igual que a la una de la mañana los niños sean los protas. La polémica es que esos niños un día le meten mano a una anguila. Vaya.

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